Hace unos días compartí un artículo de Gabriel Boraigna llamado ¿puede el capitalismo explicarse en pocas líneas?. La idea del artículo se puede resumir en esta oración: saber que cosa en realidad es el capitalismo lleva muchos años de estudio, meditación y análisis serio de sus postulados. No hay cosa mas cierta que eso.
Hasta hace unos años yo era lo que se puede decir un liberal intuitivo aunque no lo sabía. Me gustaba el capitalismo, pero después de años formado en el pensamiento único (el socialismo democrático, el estado benefactor, la economía mixta y el relativismo), compartía mucho de sus postulados políticamente correctos.
Al descubrir las ideas liberales, de la mano de mi buen amigo y profesor, Hugo Faría, entendí que debía estudiar y aprender los postulados sobre los que descansa el capitalismo y la sociedad abierta para poder argumentar y defenderlos de sus múltiples enemigos. En economía descubrí a Friedman, Hayek, Mises, Rothbard, Huerta, Boettke; en filosofía descubrí a Ayn Rand, John Locke, David Hume; en política al mismo Hayek, a Ron Paul, Hans-Hermann Hoppe y otros tantos. Puedo decir que este viaje intelectual ha sido gratificante (en cuanto a crecimiento personal) y frustrante (cuando uno ve que el mundo va en sentido contrario) a la vez.
Cada vez que estudio o descubro nuevos principios acerca de la sociedad abierta, dicho descubrimiento me lleva a otros argumentos y de ahí a otros más, tanto que se uno va contruyendo una amplia red de conocimientos. Pero en la medida que aprendo esos principios, encuentro una cantidad increible de argumentos en contra, críticas (con o sin sentido) y/o descalificaciones acerca de las ideas que sostienen al capitalismo y a la sociedad abierta. Es lo que llamaba Mises, la mentalidad anticapitalista.
Es increible que las ideas contrarias a la sociedad abierta no tienen tal nivel de escrutinio. El socialismo planteado por Marx ha sido refutado una y mil veces. De la teoría (en donde Böhm-Bawerk y Mises fueron implacables) a la práctica (en el mundo real, la experiencia demostró que todas las conclusiones y pronósticos de Marx eran falsos); y sin embargo aún en el siglo XXI siguen habiendo seguidores y defensores del socialismo marxista. Lo mismo sucede con el keynesianismo. En los años 30 del siglo XX, parecía que era la solución a la "grave crisis del capitalismo". Tanto fue difundida esa idea, que hoy, incluso supuestos defensores del capitalismo, dicen que Keynes y su teoría "salvaron" al capitalismo de su destrucción. La teoría (con Hayek a la cabeza) y la práctica (los períodos resultantes de estanflación) demostraron lo contrario; y aún hoy se sigue enseñando la teoría de Lord Keynes como válida y tiene una pléyade de defensores (con Paul Krugman a la cabeza). Todo lo contrario a lo que sucede con las ideas de la libertad; la Escuela Austríaca y su Teoría del Ciclo Económico son llamadas "pseudocientíficas"; al objetivismo se le llama "secta religiosa" y al liberalismo "religión". Cuando es precisamente todo lo contrario. Y con esto no estoy diciendo, de ninguna manera, que tales ideas no tengan errores, inconsistencias o defectos.
Todas las corrientes liberales, sean políticas (gobierno limitado, minarquismo, anarcocapitalismo), económicas (escuela de Chicago o escuela austríaca) o filosóficas (objetivismo, ley natural) invitan a hacer algo que a la mayoría de la gente no le gusta: pensar, razonar. Las ideas liberales no ofrecen una respuesta para cada problema de la vida, invitan a que cada persona las encuentre por si mismo. Invitan a que cada persona use la razón y busque la felicidad. Pero la mayoría de la gente prefiere lo contrario, evadirse de la realidad y no usar la razón.
A los liberales se nos llama radicales (que en realidad significa que queremos resolver los problemas de raíz) por ir en contra de lo políticamente "correcto". Se nos acusa de "dogmáticos", a pesar de que estamos en un constante discutir y descubrimiento de nuevas formas de defender la libertad. Se nos llama fanáticos, a pesar de que invitamos a la gente a que piense. Y finalmente se los acusa de tener la culpa de todas las crisis económicas y sociales del mundo (no por nada mi buen amigo Álvaro Lodares llamó a uno de sus libros "Cartas de un Culpable Liberal"), a pesar que vivimos señalando que la causa de las crisis están en los gobiernos y su intervención y no en el capitalismo y la libertad.
Pero a pesar de lo difícil, o más bien, lo jodido que significa ser liberal, prefiero seguirlo siendo, prefiero seguir pensando.
Si queremos salvar a nuestro planeta de la barbarie, lejos de ignorar los argumentos socialistas, es preciso refutarlos
Ludwig von Mises
El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia, la prédica de la envidia, y su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria
Sir Wiston Churchill
Cuando las palabras pierden su significado, el pueblo pierde su libertad
Confucio
martes, 23 de agosto de 2011
sábado, 13 de agosto de 2011
Darwin Y La Seducción O De Como Las Mujeres Se Sabotean A Ellas Mismas
Ana Mile tu no tienes
no tienes la culpa
que tu niño esté llorando
y su padre no cumpla
Grupo Niche
no tienes la culpa
que tu niño esté llorando
y su padre no cumpla
Grupo Niche
Pues si la tiene (y más adelante les explicaré por qué). La libertad tiene un lado que mucha gente no quiere asumir: la responsabilidad. A los seres humanos, a lo largo del devenir del tiempo se nos ha hecho difícil responsabilizarnos por nuestras decisiones y acciones, en especial cuando las consecuencias tienen efectos negativos sobre nuestras vidas. Y si es así en las cuestiones públicas, que decir en las privadas (no por nada el catolicismo llegó a vender el perdón, una forma muy fácil de expiar nuestras culpas y por sobre todo, evitar nuestra responsabilidad)
Por coincidencias de la vida descubrí el libro "El Método" o "The Game" de Neil Strauss. El libro, de lectura rápida y fresca, que cuenta las anécdotas de un periodista que se adentra en una comunidad de seductores y descubre el mantra sagrado para los hombres, cómo seducir a cualquier mujer. En el libro el autor relata como fue su proceso de descubrimiento de las técnicas de seducción y cómo transformó su vida y pasó de ser un hombre promedio (cuyas conquisas amorosas eran "pocas" y dependían exclusivamente de la aceptación de las mujeres) a ser uno de los más admirados seductores del mundo (o al menos de los Estados Unidos).
He de confesar abiertamente que en tema de mujeres y de conquistas nunca he sido bueno, pero es algo que, cercano a mis 40 años me dejó de preocupar. Y me dejó de preocupar al descubrir, gracias a la lectura del libro de Strauss y uno q otro título adicional, que mi poco éxito con las mujeres era mi propia responsabilidad. No había podido desarrollar esas habilidades que tienen, algunas veces de manera natural y otras veces aprendidas, esos hombres que son capaces de estar ligado a cualquier mujer que ellos deseen. Me había convertido en un personaje que siempre pierde o que cuando gana, lo hace por default: en el chico bueno.
Pasé mi adolescencia y buena parte de mi temprana adultez preguntándome cómo amigos cercanos, que eran unos perfectos irresponsables, eran capaces de estar con mujeres que para mi se mostraban como inalcanzables. Gracias al libro de Strauss lo descubrí: el chico bueno no tiene posibilidades a menos que se convierta, o que al menos copie, las actitudes de los chicos malos, o finalmente espere a ganar por default (que lo seleccionen por ser la opción disponible menos mala)
Este tema de la seducción genera interés. No por nada Hollywood ha hecho una buena cantidad de películas alrededor del tema, y los medios han encumbrado a Neil Strauss (o Style, como le gusta que lo llamen), Mistery o Ross Jeffries como modelos a seguir. Una de esas películas, "Hitch, especialista en seducción", protagonizada por Will Smith, la usaré cómo ejemplo: Alex Hitchens, un coach de hombres en materia de seducción, intenta enseñar a un torpe hombre como conquistar al amor de su vida (una mujer que dicho ho
mbre considera que es imposible alcanzar). En el proceso de seducción, Hitchens logra atraer a una periodista de chismes, de la cual finalmente se enamora. Esta periodista de chismes (protagonizada por la cubano/americana Eva Mendes) es una mujer decepcionada de sus relaciones anteriores y es recelosa de los hombres, a tal punto que rechaza cualquier acercamiento y le parece despreciable que un hombre se valga de técnicas para lograr seducir a una mujer. En el desarrollo de la trama, en una escena en donde (Eva Mendes) le increpa a Hitchens (Will Smith) por ser un coach en materia de seducción y haber usado técnicas para seducirla a ella misma, la respuesta de Hitchens fue: que de malo tiene que un hombre pueda tener un plan para conquistar a una mujer. Mi trabajo consiste en evitar que las mujeres se saboteen a ellas mismas para que los hombres buenos lleguen a calificar. Esto es un punto clave.
En todo lo que he leido y descubierto del tema de seducción (resulta que he encontrado infinidad de sitios por internet, gratis y a costo, que prometen a los hombres "mejorar su vida sexual y personal" a través de la enseñanza dirigida o de material de autoaprendizaje) es una constante que se recomiende a los hombres no ser un buen chico. Ser un buen chico ante los ojos de las mujeres le quita valor al hombre que lo sea. Ser buen chico (es decir, respetar a las mujeres, tomar en cuenta su opinión, tratarlas como iguales) es un signo de debilidad, de falta de caracter, una forma de aparecer suplicante ante las mujeres, cosa que las aleja (admitido por ellas). Ellas quieren al "macho alfa", al chico malo. En este punto entra Darwin.
El autor inglés planteaba, en su teoria sobre la evolución de las especies, que sólo las especies mas aptas eran capaces de sobrevivir. Aquellas especies que no eran capaces de adaptarse a los cambios del entorno estaban condenados a desaparecer. Y es aquí se sobreponen las "teorías" de la seducciòn: los únicos capaces de seducir a mujeres son aquellos hombres considerados machos alfa, o al menos que sean capaces de copiar su comportamiento, así no se mostrarán suplicantes ni débiles ante las mujeres; y si no logran (o no quieren) reformarse, quedarán condenados a una vida mediocre, y como he leído en algunos libros, a que sus genes no sean transferidos a la siguiente generación.
Es lamentable que despues de millones de años de evolución, la mujer siga prefiriendo al cavernícola del mazo (aunque el mazo puede ser hoy la "labia") que al hombre civilizado y educado. Por eso al principio del artículo decía que Ana Mile si tenia la culpa. Cuando una mujer escoge al "macho alfa", al "chico malo", las consecuencias de esa selección son su responsabilidad, de nadie mas. Si no quieren consecuencias negativas, que dejen de auto sabotearse, y que aprendan a elegir mejor, así los chicos buenos (que en estos círculos de seducción los lláman típicos frustrados) podrán tener mejor chance
Pero esto es sólo un deseo...
lunes, 31 de enero de 2011
No hemos hecho nada
Debo confesar que a mi me encanta esa ciudad. Sus rascacielos imponentes sobre una pequeña isla (o mas bien cuatro), su diversidad, sus contrastes (para algunos chocantes) hace de toda ella un lugar increible y que tal como decía Sinatra en su famosa canción, es la ciudad que nunca duerme, donde puedes hacerlo todo. Además, habían pasado más de diez años desde mi última visita a la gran manzana.
Estando allá, en el mero eje del capitalismo empecé a reflexionar sobre que todo el atractivo turístico de Nueva York ha sido hecho por el hombre. Es resultado de esa acción humana interesada en obtener beneficios (o ganar dinero, como le quieran decir) pero que ha hecho de esa ciudad un eje turístico importante en el mundo. Miles, cuando no millones, de personas visitan Nueva York cada año, y a ver que? se preguntarán muchos. Pues monumentos, museos, edificios, avenidas, iglesias, tiendas. Puras cosas, atracciones para muchos, hechos por el hombre.
Haciendo esa reflexión me acordé de Valentina Quintero, la reconocida periodista que ya sea por radio, televisión o prensa escrita nos invita a hacer turismo interno en Venezuela y descubrir las maravillas naturales que tenemos en nuestro país. Y no lo niego, en nuestro país tenemos infinidad de bellezas que me faltaría espacio en este blog para nombrarlas, pero (y nunca falta el pero), siempre estuvieron ahí, no fueron hechas por el hombre! (y cuando digo hombre me refiero al género, porque me niego a usar esa idiotez lingüística de hombre-mujer). Es decir, nos enorgullecemos de algo que estaba ahí cuando nacimos y del cual no tenemos ni arte ni parte.
Y si miramos a las ciudades? que si son producto de hombre, pues Venezuela es un muy mal ejemplo. Caracas es una ciudad hostil hacia el turista, empezando por los taxis que apenas escuchan que las personas tienen acento extranjero quieren cobrar como si fueran taxistas suizos (eso que andan en Mercedes Benz). El transporte público es caótico. La inseguridad es terrible. Y las atracciones? Las torres de Parque Central, además de inseguras, como son oficinas de ministerios, los ascensores no sirven y los fines de semana se encuentran cerradas. El Teatro Teresa Carreño, si no hay concierto no hay acceso a las salas de concierto, ni siquiera para conocerlas (en pleno invierno y cubierto de nieve, pude entrar al Yankee Stadium). Los museos, los pocos que quedan, están cada vez más abandonados.
Y ahí llegaba mi reflexión. Triste pero cierta y cruda. Y quizás este artículo cause mucha roncha, alguno me dirán "pues vete para Nueva York". No quiero denigrar de nuestras bellezas naturales, yo las disfruto cada vez que las visito. Pero de esas, NO HEMOS HECHO NADA. Y es tiempo de cambiar eso.
domingo, 28 de noviembre de 2010
¿Quién le tiene miedo a la derecha?
Antonio Sánchez García ha sido y es de izquierda. De esa izquierda que tanto nos molesta a algunos liberales, la democrática, porque son los que disimulan su carácter totalitario, a diferencia de la izquierda totalitaria que no lo disimula.A pesar de esto, me permito compartir este artículo, que me parece está muy bien argumentado, y que reconoce que ¡en Venezuela TODOS los partidos políticos comparten la misma ideología!, es decir, son de izquierda. Y además, llama a las cosas por su nombre, mercantilismo, estatismo, socialismo.
Espero disfruten su lectura Me he permitido marcar en negritas algunas frases que me han parecido dignas resaltar.
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¡Ay en Venezuela de aquel que piense y sea considerado de derechas! Nadie le tenderá la mano. Usted, querido lector, que considera que la propiedad privada es esencial, que rechaza al comunismo como el mal del milenio y que daría su vida por defender su libertad, ¿se atrevería a reconocer que es de derechas?
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"Los pueblos democráticos muestran un amor más vehemente y más durable hacia la igualdad que a favor de la libertad". Alexis de Tocqueville, La democracia en América
Dos fuerzas antagónicas han marcado la creación del mapa político de Occidente luego de la revolución francesa: el liberalismo y el socialismo. O, si se lo prefiere expresado de manera provocativa y llevado a sus extremos: las derechas y las izquierdas. Expresan, dicho asimismo provocativamente, las dos grande pulsiones políticas de Occidente desde sus orígenes: el anhelo por la libertad o el anhelo por la igualdad. La revolución francesa le agregó un condimento de más valor propagandístico que real: la solidaridad. Con ese tercer ingrediente en los escudos de armas de la modernidad se pretendía abrirle paso a las doctrinas morales del iluminismo y expresar la voluntad integradora que campea en los esfuerzos revolucionarios del siglo XVIII: Liberté, Egalité, Fraternité.
El intento de los enciclopedistas por unir los dos términos de nuestros esfuerzos civilizatorios con la llama de la solidaridad pretendía superar un hecho palmario. Hasta la toma de la Bastilla no es la búsqueda e imposición de la igualdad el motor de la historia, como lo será luego de la revolución del 48 y del programa del Manifiesto Comunista. Para cuyos autores la lucha de clases era el combustible que movía el pesado carruaje de la historia y la igualdad, impuesta a sangre y fuego a costa de la libertad mediante la dictadura proletaria, el único camino para construir el futuro. Desde entonces, la lucha mortal entre los defensores de la libertad y los de la igualdad se convirtió en el nomos de la confrontación. Los primeros, atados al capitalismo, al libre mercado y a la libre competencia; los segundos, al socialismo y las dictaduras de ambos signos: comunismo o fascismo.
Desde la revolución francesa y el establecimiento del Estado moderno y el origen de la sociedad de masas, fundada en el desarrollo exponencial del capitalismo, esas dos fuerzas no cesaron de enfrentarse, tanto nacional como internacionalmente, dando lugar, a través de distintas constelaciones de intereses a las conflagraciones más devastadores de la historia humana.
Así, la historia de la humanidad, por lo menos en estos últimos dos siglos, es la historia cruenta, incesante y a veces devastadora de pueblos y continentes enteros movidos por esos dos grandes campos gravitatorios: la libertad y el liberalismo, de un lado, y la igualdad y el comunismo, del otro. Ellos han nutrido la dialéctica amigo-enemigo que sustenta a la política y al Estado moderno.
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Se han adelantado diversas hipótesis para explicar las razones del temprano desarrollo y prosperidad de unas naciones y la tenacidad en el atraso y el subdesarrollo de otras. Max Weber destacó antes que nadie y con inmensa perspicacia la interrelación entre las creencias y prácticas religiosas y el desarrollo del capitalismo, inmensamente más acentuado en los países cuya religión predominante fue el protestantismo, como lo expusiera en su ensayo La ética protestante y el espíritu del capitalismo. La acción benefactora de la Reforma sobre el espíritu de lucro y la legitimación de la ganancia coadyuvan sin duda y de manera notable sobre el desarrollo de la actividad empresarial, así como el desplazamiento de la relación del hombre con Dios hacia la esfera de su exclusiva y personal responsabilidad. De la que emerge el individualismo y la potenciación del espíritu de competencia.
Así, el capitalismo se desarrolla muchísimo antes y con muchísimo mayor intensidad y vigor en Inglaterra, en Alemania, en los Estados Unidos que en los países que a pesar de contar con ingentes recursos financieros, como la España imperial, ven trababa la iniciativa privada y el desarrollo del mercado y la libre competencia por el hondo arraigo, tanto en la esfera pública como en la privada, de las ideas y valores conservadores vinculados al catolicismo y el triunfo de la Contrarreforma. En las que el afán de lucro y la acumulación de riquezas constituyen pecados capitales.
En las sociedades protestantes no es la igualdad sino la libertad como fundamento de las oportunidades y la responsabilidad individual del individuo en su estricta soledad, el valor social y moral más apreciado. En la antípoda, la igualdad como suma exigencia del espíritu y la condena del capitalismo, la privacidad y la riqueza constituyen, en cambio el fundamento de la ética socialista. Por cierto, avalada justa o injustamente por las enseñanzas del Sermón de la Montaña, una de las más implacables requisitorias contra la riqueza y una correlativa y popularísima apología de la pobreza. Llevada al paroxismo en los dos intentos totalitarios del siglo XX: el fascismo y el comunismo. El rechazo y la aniquilación de toda diferencia, social, racial o religiosa se constituyen en los propósitos supremos del Estado policial. En la Unión Soviética, la pertenencia a una élite o una clase social. En la Alemania Nazi, el judaísmo. Para ambas formas de totalitarismo el enemigo fundamental fue el mismo: el individuo, la libertad, el liberalismo. Y no sólo el comunismo hizo del capitalismo su enemigo mortal. También lo era, potencialmente bajo el demonizado "judaísmo financiero internacional", del nacional socialismo.
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"La igualdad produce dos tendencias: la primera conduce directamente hacia la independencia, y puede de repente impelerlos hasta la anarquía; la otra, los lleva por un camino más largo , más secreto, pero más seguro, hacia la esclavitud." Alexis de Tocqueville, La democracia en América.
En pocas naciones de nuestra región ha primado tanto el igualitarismo por sobre la valoración de la libertad y el liberalismo como en Venezuela. En pocas, la existencia de una riqueza obtenida sin el esfuerzo de sus ciudadanos ha hecho menos imperioso y valorado el esfuerzo por propiciar la iniciativa privada, el individualismo y el acopio de riqueza lograda gracias al propio esfuerzo. En pocos han existido menos incentivos al desarrollo de la empresa privada. En ningún otro, en cambio, el predominio del Estado bajo las premisas del ogro filantrópico ha sido más relevante y omnipotente. En ninguno, la estatolatría nos ha mantenido al borde de un socialismo de facto como en el nuestro. Con el agravante de la sumisión de los ciudadanos al maná del Ogro Filantrópico, de los partidos a la lucha por su apoderamiento para disfrutar de la riqueza mediatizada por su intermedio y el Poder así conseguido, y de los sectores empresariales, para medrar a su sombra y depender de sus subsidios. De allí el mercantilismo imperante, y la frágil, quebradiza e impotente existencia del capitalismo venezolano. Cuyo empresariado lleva una patética existencia bajo la mole de sus complejos de dependencia y sumisión a los dictados del administrador de la riqueza petrolera.
No es el secretario general del Partido Comunista quien afirma no estar en contra de las estatizaciones llevadas a cabo por el gobierno del teniente coronel Hugo Chávez: es el presidente de Fedeindustria, el gremio que agrupa a los industriales venezolanos.
Esas son las razones estructurales de la debilidad congénita del individuo, de los sindicatos y gremios, de las academias y universidades, incluso y por sobre todo del empresariado frente al Estado. Alzado como el Golem de la tradición judía: un monstruo gigantesco creado por el hombre para su servicio, que se derrumba y lo aplasta como castigo divino.
Fue así desde la creación del llamado Estado mágico, nuestro Golem, al que hace referencia Alfredo Coronil, creado a instancias de Juan Vicente Gómez justamente en los albores de la emergencia de su principal dador de vida, la gigantesca y monstruosa riqueza petrolera. Que conjuntamente con el despertar de la modernidad y la emergencia de la democracia se convirtiera en la obsesión de la política y los partidos: apropiarse del Estado y tratar de domesticarlo para, con el concurso de esa exuberante y obscena riqueza intentar ponerlo al servicio del igualitarismo antes que al servicio de la libertad, comprar conciencias antes que imponer su desarrollo, satisfacer al individuo montando gigantescos enclaves clientelares antes que permitir el desarrollo de clases productivas y generadoras, no consumidoras de la riqueza social.
Todo ello bajo la más aviesa y siniestra de las creencias, convertida en fe religiosa: la de que los venezolanos, cualquiera él sea, por el solo hecho de haber nacido en Venezuela, es rico, pues es propietario del petróleo, un bien común. Y que su actividad política se agota en la exigencia de recabar su parte ante quienes administran al Estado. Que por ese sólo hecho posee la llave que atesora esas riquezas y vive sumergido, en consecuencia, bajo la tentación del robo, el desfalco y la apropiación indebida. Sin un solo control institucional, social o moral que lo castigue por ello.
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Manteniendo las debidas distancias de respeto a la probidad y espíritu democrático de los anteriores gobiernos respecto de esta dictadura de nuevo cuño, no existe, en rigor, diferencia sustancial entre éste y los anteriores gobiernos en cuanto a su respaldo ideológico. La hegemonía de ideas y creencias ha sido, en lo sustancial, la misma. Todos ellos han partido de esas falsas premisas. El de Chávez no ha hecho más que potenciar hasta la caricatura los afanes totalitarios del Estado benefactor, convertir el igualitarismo en terror de Estado y la apropiación del caudillo autocrático en amo y señor del Ogro filantrópico. Ha aumentado la voz de quienes consideran que tienen derecho a exigirle al administrador temporal del Estado casa y comida, sin ninguna contraprestación, como si tal cosa fuera un hecho absolutamente natural en un país petrolero. Y han desaparecido los pudores de las instituciones, ahora sin mayor problema arrodillados y sometidos hasta el escarnio a la voluntad del tirano.
Pero si observamos nuestra propia realidad, veremos que no existen diferencias ideológicas esenciales entre los distintos partidos. Sus diferencias no hacen a puntos existenciales, como el del papel del mercado, de la propiedad privada y del Estado en la economía general de la sociedad. Llevado a la caricatura podría afirmarse que en Venezuela todos somos de izquierda, todos creemos en el papel preponderante del Estado, todos quisiéramos repotenciar su supuesto carácter benefactor y privilegiar el igualitarismo sobre la libertad. ¡Ay en Venezuela de aquel que piense y sea considerado de derechas! Nadie le tenderá la mano. Usted, querido lector, que considera que la propiedad privada es esencial, que rechaza al comunismo como el mal del milenio y que daría su vida por defender la libertad, ¿se atrevería a reconocer que es de derechas?
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sábado, 23 de octubre de 2010
Comprar o no los Petrobonos
La financiación normal de un Gobierno son los impuestos.
Cuando un Gobierno recurre a la emisión de deuda
significa que no tiene suficiente valor para subir los impuestos,
que no sabe gestionar el dinero que posee, o ambas cosas a la vez.
Recibo un país hipotecado
Luis Herrera Campins
(Presidente de Venezuela, 1979-1983)
Un buen amigo con quien frecuentemente tengo discusiones encarnizadas acerca de la actual situación del país me incitó a escribir este artículo. Todo surgió a partir de un boletín periódico que este amigo envía desde su portal CityVega.com referido a la compra de los bonos que actualmente emite PDVSA. El consejo central que este amigo transmitía en su boletín era que si usted quería adquirir dólares de manera legal (como si de otra manera no lo fuera) tenía una buena "oportunidad" a través de la compra del bono PDVSA 2017.
Mi respuesta ante tal boletín era que no se debía adquirir los bonos de PDVSA, ya que representaba un endeudamiento inmoral. Inmoral por dos partes, primero, como todo endeudamiento público se está comprometiendo el futuro ingreso de todos los venezolanos, incluso de ciudadanos que no han ni siquiera nacido o empezado su vida productiva y, segundo, porque se apoya la devaluación implícita de la moneda a través del mecanismo permuta que impulsa el gobierno, y como ya lo he escrito en otras oportunidades por los medios a los que tengo acceso (twitter, facebook y mi blog), la devaluación es un robo, y un robo contra los más pobres.
Se que pueden existir muchos argumentos a favor de comprar los bonos. Que si el control de cambios, impuesto por el gobierno desde 2003, es muy engorroso y restrictivo para obtener divisas. Que si los bonos son un mecanismo "fácil" para poder adquirir las divisas, tanto para actividades productivas como para ahorrar. Todos argumentos rebatibles ya que no se puede hipotecar el futuro por obtener unas migajas hoy. Rafael Alfonzo, director de CEDICE, publicó en su twitter (@venelibertario): Petrobonos es dólares baratos para hoy y hambre segura para mañana. Aprenderemos algún día ?. Yo creo que no queremos aprender. También leía otro tweet que decía "corazón escuálido, bolsillo chavista". Lamentablemente así piensan muchos en Venezuela.
Que PDVSA emita deuda, para financiar el gasto corriente y no para inversiones, cuando el precio del petróleo está muy por encima del presupuestado es un mal indicador. Y es un indicador que muestra como el socialismo bolivariano está matando a la gallina de los huevos de oro. Tal como siempre sucede. Es como si una empresa privada, que tienen ventas altas, emita deuda para pagar su nómina. Es un indicador de que algo está mal. Si es que PDVSA necesita dinero, porqué no emite acciones que cada venezolano pueda comprar y así pasemos a ser realmente dueños de la principal industria nacional. Eso es impensable para nuestros políticos (los que gobiernan y los que están en la oposición)
Mi amigo me refería una frase que nos invitaba a ser ciudadanos de primera. Pues es mi posición de que si queremos ser ciudadanos de esa clase, debemos empezar a pensar distinto. Y eso parte de que dejemos de pensar como Eudomar Santos, "como vaya viniendo vamos viendo" (una manera muy coloquial de la famosa frase de Lord Keynes: en el largo plazo todos estaremos muertos). Para ser ciudadanos de primera tenemos que empezar por señalar lo perverso que representa el endeudamiento, además de inmoral (les recuerdo a aquellos que nacimos en los 70, que todavía debemos mucho de la deuda que contrajo La Gran Venezuela). Para ser ciudadanos de primera tenemos que exigirle al gobierno (al presente y a cualquiera en el futuro) el levantamiento del control de cambios, por ser una violación del derecho humano de la propiedad. Para ser ciudadanos de primera hay que empezar con NO COMPRAR el bono de PDVSA.
Para cuando pase este tiempo oscuro que vive nuestro país, lo que encontraremos será un país arruinado. Los próximos gobernantes tendrán que tomar medidas duras para recuperar la economía y las bases del país, al fin y al cabo el daño material se recupera. Pero el mayor daño que dejará este tiempo es la difusión y perpetuación de ideas equivocadas. Ideas que quizás no nos permitan salir del subdesarrollo y superar la pobreza. Ser ciudadanos de primera implica deshacerse de esas ideas y ver como otros países lograron salir de la pobreza. Y ese camino no es el socialismo, ni el totalitario, ni el democrático.
¿Cuánto tiempo tardaremos en entender esto? Amanecerá y veremos. Por lo pronto, no se haga partícipe de la irresponsabilidad de este gobierno, no compre el bono de PDVSA.
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