martes, 6 de enero de 2026

20 años de una transformación intelectual

Dicen que cuando uno se pone viejo empieza a recordar continuamente anécdotas y recuerdos de lo vivido.  Quizás es algo que me pasa sobre todo desde que cumplí 50 años y ya mis padres no están conmigo en este plano.

En 2005 había iniciado mis estudios de maestría en el IESA con mucho entusiasmo.  En las primeras semanas de introducción al programa, se llevaba a cabo lo que llamaba "La Experiencia IESA" en donde, entre conferencias y actividades de integración, la escuela nos enseñaba lo que sería nuestro pasar por sus aulas.  Causaba mucho impacto la charla del ya fallecido profesor Asdrubal Baptista, quien con su elegante exposición, nos mostraba parte de su trabajo, en especial una gráfica que impactaba bastante, en donde se mostraba que el stock de capital privado en Venezuela había venido cayendo desde 1958, y en especial desde la nacionalización petrolera.  En mi, este dato causó mucho impacto, por lo que en ese momento decidí que la materia de entorno económico la tomaría con ese profesor.

Con el avanzar del programa, una buena amiga que ya se había graduado, me recomienda que no deje de ver clases con el profesor Hugo Faría.  Cuando tocó el trimestre de la materia Entorno Económico, me puso en disyuntiva de verla con el profesor Baptista o seleccionar a Hugo Faría.  Al final, seguí el consejo de mi amiga, con la idea de intentar tomar luego alguna otra materia con el profesor Baptista.  Me acuerdo que nuestro grupo de clases era pequeño, comparado a los grupos de los otros profesores lo que hizo que la clase fuera un poco más cercana en las discusiones. 



Las clases con Hugo fueron intensas.  Era un profesor exigente, nos daba muchísima información en cada clase.  Su programa lo dividía en dos partes, una parte macro economía pura y dura, modelos, curvas, entender términos de macroeconomía.  Y la segunda parte, economía política, en donde nos ponía a discutir temas de política y nos enfrentaba a autores, que para mi eran completamente desconocidos.

La primera clase recuerdo que Hugo nos dice "en Venezuela no ha habido nunca capitalismo".  Eso causó una duda en mi cabeza. Mi respuesta fue "como que no hay capitalismo si yo como en McDonald's y bebo Coca Cola".  A lo que el profesor va y me explica que para que haya capitalismo no es solo que existan empresas capitalistas sino que deben respetarse los derechos de propiedad, algo que en Venezuela se violaban sistemáticamente, y recordaba que entre 1961 y 1989 las garantías económicas establecidas en la constitución de la República de 1961 habían permanecido suspendidas (algo que yo desconocía completamente).  Esta reflexión me hizo dudar seriamente.

En esa época yo trabajaba en la autoridad tributaria de Venezuela y había sido formado en la idea de que al evasor de impuestos había que perseguirlo y que en nuestro país (si, era un tibio socialdemócrata), dada nuestra cultura rentística, nos habíamos acostumbrado a no pagar impuestos.  Pues ese fue el segundo concepto que Hugo me puso a prueba, y cuando intento discutirle me responde "imagina que los impuestos es lo que le pagas al Estado para que te de servicios; le pagas por educación, y al no dártela tienes que pagar por tu educación, le pagas para que te brinde servicios de salud, y no te los brinda, por lo que tienes que pagar médicos y seguros privados y finalmente, le pagas para que te de seguridad, que si es una función del Estado, y no te la da, por lo que tienes que pagar por vigilancia privada o asegurar tu propiedad, entonces pagas o no impuestos?". Esa argumentación me dejó sin palabras.

Conforme avanzaban las discusiones, Hugo nos da a leer el resumen del famoso libro de Hayek, Camino de Servidumbre (una edición breve en español que había editado el CEES de Guatemala. Para mi fue la primera epifanía intelectual.  No podía entender como alguien podía explicar con tanta claridad y exactitud lo que pasaba en Venezuela.  Desconocía quien era ese señor Hayek, pero leerlo me hizo hacerme muchas preguntas y sobre todo me llevó a comprar el libro, leerlo completo y empezar a descubrir el pensamiento liberal.

Coincidió ese año 2006, que se cumplían 30 años de la edición de libro de Carlos Rangel, Del buen salvaje al buen revolucionario, editado por Cedice (en una de las mejores ediciones que ha tenido ese libro).  Fue mi segunda epifanía. Rangel se había suicidado cuando yo tenía 14 años, y yo no había prestado atención de su obra, más allá que en mi casa se veía todas las mañanas su programa Buenos Días, que conducía con su esposa Sofía Imber.  El libro de Rangel, su obra magna, me puso a cuestionar varias ideas que cimentaban mi pensamiento respecto de Venezuela.  En la misma obra Rangel menciona a Hayek y a Mises, cosa me que hizo conectar con la lectura que había hecho de Hayek.  Luego de estos dos libros mi vida intelecual dio un giro de 180 grados.

A partir de ahí devoré cuanto libro me era posible.  De Hayek salté a Mises (Socialismo, Burocracia, Gobierno Omnipotente), Alberto Benegas Lynch (que luego sería mi profesor), Jesús Huerta de Soto y otros autores. Recuerdo que leyendo a Mises, en 2006 Hugo Chávez anunciaba que crearía un partido socialista unido (PSUV), algo que me aterró, ya que leía en las páginas de estos autores como describían al calco lo que estaba pasando y con el tiempo ha venido pasando en mi malogrado país.

De la mano de Hugo seguí descubriendo otros autores, fue mi tutor de tesis de maestría, que luego llevamos a publicación en una revista arbitrada, y que me tocó exponer, en inglés, ante una audiencia de autores que yo mismo había citado en mi trabajo, una experiencia que agradezco ya que me abrió las puertas al mundo académico y a los círculos liberales.

Gracias a Hugo, y por su recomendación, visité en 2008 por primera vez la Universidad Francisco Marroquín, la casa de la libertad, a un coloquio patrocinado por Liberty Fund, sobre las ideas de Frederic Bastiat, unos de mis autores favoritos y de Hugo también.  Esa experiencia me abrió la puerta a varios coloquios y a ser profesor invitado en esa prestigiosa universidad, casa de estudios que visito al menos una vez al año.

En 2010 tomé la decisión de irme de Venezuela y radicarme en la República Dominicana, país del que acogí su nacionalidad.  En ese periplo realicé mi programa doctoral de la mano de mi recordado Juan Carlos Cachanosky, en donde reforcé y formalicé lo que ya venía estudiando de forma anarquica, pero que asentaron mi formación como economista que sigue la tradición de la Escuela Austríaca de Economía.

Para 2020, fui aceptado como miembro de la Mont Pelerin Society, el foro liberal fundado por Hayek, y que a pesar de todo, sigue siendo un referente de discusión de las ideas que sostienen a la sociedad libre y que son las que hasta hoy considero que son las ideas correctas y que pueden sacar a Venezuela de la grave crisis que vivimos desde hace más de 27 años.

Todo este camino intelectual, que ha marcado mi carrera profesional y académica, y de la que se cumplen ya 20 años, se lo debo a mi maestro, mi mentor, y como le dije recientemente, mi papá intelectual, Hugo Faría.  De Hugo aprendí mucho, pero sobre todo entender el daño que había hecho esa mezcla de mercantilismo y socialismo en los últimos 60 años de vida republicana, el desprecio que hay que sentir por esos empresaurios, que dado su estatus social no son capaces de entrar a robar a nuestras casas y lo hacen vía el Estado a través de protecciones y prebendas, y finalmente el amor por la libertad, un valor indivisible, que no se puede cortar a tajos, y que se debe abrazar plenamente.

Solo tengo que decir una cosa: gracias Hugo.