martes, 6 de enero de 2026

20 años de una transformación intelectual

Dicen que cuando uno se pone viejo empieza a recordar continuamente anécdotas y recuerdos de lo vivido.  Quizás es algo que me pasa sobre todo desde que cumplí 50 años y ya mis padres no están conmigo en este plano.

En 2005 había iniciado mis estudios de maestría en el IESA con mucho entusiasmo.  En las primeras semanas de introducción al programa, se llevaba a cabo lo que llamaba "La Experiencia IESA" en donde, entre conferencias y actividades de integración, la escuela nos enseñaba lo que sería nuestro pasar por sus aulas.  Causaba mucho impacto la charla del ya fallecido profesor Asdrubal Baptista, quien con su elegante exposición, nos mostraba parte de su trabajo, en especial una gráfica que impactaba bastante, en donde se mostraba que el stock de capital privado en Venezuela había venido cayendo desde 1958, y en especial desde la nacionalización petrolera.  En mi, este dato causó mucho impacto, por lo que en ese momento decidí que la materia de entorno económico la tomaría con ese profesor.

Con el avanzar del programa, una buena amiga que ya se había graduado, me recomienda que no deje de ver clases con el profesor Hugo Faría.  Cuando tocó el trimestre de la materia Entorno Económico, me puso en disyuntiva de verla con el profesor Baptista o seleccionar a Hugo Faría.  Al final, seguí el consejo de mi amiga, con la idea de intentar tomar luego alguna otra materia con el profesor Baptista.  Me acuerdo que nuestro grupo de clases era pequeño, comparado a los grupos de los otros profesores lo que hizo que la clase fuera un poco más cercana en las discusiones. 



Las clases con Hugo fueron intensas.  Era un profesor exigente, nos daba muchísima información en cada clase.  Su programa lo dividía en dos partes, una parte macro economía pura y dura, modelos, curvas, entender términos de macroeconomía.  Y la segunda parte, economía política, en donde nos ponía a discutir temas de política y nos enfrentaba a autores, que para mi eran completamente desconocidos.

La primera clase recuerdo que Hugo nos dice "en Venezuela no ha habido nunca capitalismo".  Eso causó una duda en mi cabeza. Mi respuesta fue "como que no hay capitalismo si yo como en McDonald's y bebo Coca Cola".  A lo que el profesor va y me explica que para que haya capitalismo no es solo que existan empresas capitalistas sino que deben respetarse los derechos de propiedad, algo que en Venezuela se violaban sistemáticamente, y recordaba que entre 1961 y 1989 las garantías económicas establecidas en la constitución de la República de 1961 habían permanecido suspendidas (algo que yo desconocía completamente).  Esta reflexión me hizo dudar seriamente.

En esa época yo trabajaba en la autoridad tributaria de Venezuela y había sido formado en la idea de que al evasor de impuestos había que perseguirlo y que en nuestro país (si, era un tibio socialdemócrata), dada nuestra cultura rentística, nos habíamos acostumbrado a no pagar impuestos.  Pues ese fue el segundo concepto que Hugo me puso a prueba, y cuando intento discutirle me responde "imagina que los impuestos es lo que le pagas al Estado para que te de servicios; le pagas por educación, y al no dártela tienes que pagar por tu educación, le pagas para que te brinde servicios de salud, y no te los brinda, por lo que tienes que pagar médicos y seguros privados y finalmente, le pagas para que te de seguridad, que si es una función del Estado, y no te la da, por lo que tienes que pagar por vigilancia privada o asegurar tu propiedad, entonces pagas o no impuestos?". Esa argumentación me dejó sin palabras.

Conforme avanzaban las discusiones, Hugo nos da a leer el resumen del famoso libro de Hayek, Camino de Servidumbre (una edición breve en español que había editado el CEES de Guatemala. Para mi fue la primera epifanía intelectual.  No podía entender como alguien podía explicar con tanta claridad y exactitud lo que pasaba en Venezuela.  Desconocía quien era ese señor Hayek, pero leerlo me hizo hacerme muchas preguntas y sobre todo me llevó a comprar el libro, leerlo completo y empezar a descubrir el pensamiento liberal.

Coincidió ese año 2006, que se cumplían 30 años de la edición de libro de Carlos Rangel, Del buen salvaje al buen revolucionario, editado por Cedice (en una de las mejores ediciones que ha tenido ese libro).  Fue mi segunda epifanía. Rangel se había suicidado cuando yo tenía 14 años, y yo no había prestado atención de su obra, más allá que en mi casa se veía todas las mañanas su programa Buenos Días, que conducía con su esposa Sofía Imber.  El libro de Rangel, su obra magna, me puso a cuestionar varias ideas que cimentaban mi pensamiento respecto de Venezuela.  En la misma obra Rangel menciona a Hayek y a Mises, cosa me que hizo conectar con la lectura que había hecho de Hayek.  Luego de estos dos libros mi vida intelecual dio un giro de 180 grados.

A partir de ahí devoré cuanto libro me era posible.  De Hayek salté a Mises (Socialismo, Burocracia, Gobierno Omnipotente), Alberto Benegas Lynch (que luego sería mi profesor), Jesús Huerta de Soto y otros autores. Recuerdo que leyendo a Mises, en 2006 Hugo Chávez anunciaba que crearía un partido socialista unido (PSUV), algo que me aterró, ya que leía en las páginas de estos autores como describían al calco lo que estaba pasando y con el tiempo ha venido pasando en mi malogrado país.

De la mano de Hugo seguí descubriendo otros autores, fue mi tutor de tesis de maestría, que luego llevamos a publicación en una revista arbitrada, y que me tocó exponer, en inglés, ante una audiencia de autores que yo mismo había citado en mi trabajo, una experiencia que agradezco ya que me abrió las puertas al mundo académico y a los círculos liberales.

Gracias a Hugo, y por su recomendación, visité en 2008 por primera vez la Universidad Francisco Marroquín, la casa de la libertad, a un coloquio patrocinado por Liberty Fund, sobre las ideas de Frederic Bastiat, unos de mis autores favoritos y de Hugo también.  Esa experiencia me abrió la puerta a varios coloquios y a ser profesor invitado en esa prestigiosa universidad, casa de estudios que visito al menos una vez al año.

En 2010 tomé la decisión de irme de Venezuela y radicarme en la República Dominicana, país del que acogí su nacionalidad.  En ese periplo realicé mi programa doctoral de la mano de mi recordado Juan Carlos Cachanosky, en donde reforcé y formalicé lo que ya venía estudiando de forma anarquica, pero que asentaron mi formación como economista que sigue la tradición de la Escuela Austríaca de Economía.

Para 2020, fui aceptado como miembro de la Mont Pelerin Society, el foro liberal fundado por Hayek, y que a pesar de todo, sigue siendo un referente de discusión de las ideas que sostienen a la sociedad libre y que son las que hasta hoy considero que son las ideas correctas y que pueden sacar a Venezuela de la grave crisis que vivimos desde hace más de 27 años.

Todo este camino intelectual, que ha marcado mi carrera profesional y académica, y de la que se cumplen ya 20 años, se lo debo a mi maestro, mi mentor, y como le dije recientemente, mi papá intelectual, Hugo Faría.  De Hugo aprendí mucho, pero sobre todo entender el daño que había hecho esa mezcla de mercantilismo y socialismo en los últimos 60 años de vida republicana, el desprecio que hay que sentir por esos empresaurios, que dado su estatus social no son capaces de entrar a robar a nuestras casas y lo hacen vía el Estado a través de protecciones y prebendas, y finalmente el amor por la libertad, un valor indivisible, que no se puede cortar a tajos, y que se debe abrazar plenamente.

Solo tengo que decir una cosa: gracias Hugo.

sábado, 21 de junio de 2025

No son mejores, solo van más lentos

Venezuela vive desde hace 26 años un proceso destructivo sin paralelo en la región.  Su moneda se ha devaluado en porcentajes astronómicos, la economía ha retrocedido a niveles de casi inicios del siglo XX, altos niveles de inseguridad, emigración forzada de más de 7 millones de venezolanos regados por el mundo, y todo esto bajo el manto de una oprobiosa y corrupta tiranía socialista que nunca pensó en abandonar el poder desde que lo obtuvo por votación popular en 1998.

Antes de 1998 Venezuela era el típico país subdesarrollado latinoamericano, pero teníamos una fuente de ingresos que no tenían los otros: el petróleo.  Desde su descubrimiento alrededor de 1920, permitió que el estado, usando su prerrogativa de ser el dueño del subsuelo y sus riquezas (nefasta doctrina heredada desde la época colonial) otorgó concesiones nacionales y extranjeras para la explotación petrolera, y eso le permitió obtener recursos fiscales que a su vez, de alguna u otra manera se fueron viendo reflejados en el progreso de ese país rural en donde apareció el petróleo.

A pesar de que la explotación petrolera generó ingresos importantes, se gestaron ideas de que era insuficiente lo que estas empresas que explotaban ese recurso pagaban al fisco nacional. Y esa idea no solo era dentro del país, también era compartida en buena parte de Latinoamérica y de los países productores de petróleo. Siempre recuerdo una de las tiras de Mafalda quien, al ver a su recién nacido hermano lactando del pecho de su madre, lo equiparaba a una empresa petrolera que extraía recursos de Venezuela.


Estas ideas nos llevaron progresivamente a creer que éramos un país rico solo por el hecho de tener petróleo bajo el subsuelo, y desde 1942 a progresivamente ir estatizando la actividad petrolera. Alrededor de 1943 con la promulgación de la legislación de hidrocarburos del momento se estableció la repartición igualitaria de los ingresos de la explotación de la actividad (el recordado fifty-fifty), más no de los costos de la operación. Luego, durante el gobierno de Rómulo Betancourt, con su política de “no más concesiones” le ponía un horizonte de 20 años a la terminación de las concesiones vigentes en la época. Esta medida hizo que las empresas concesionarias dejaran de invertir en capital, ya que, y basados en la experiencia de las nacionalizaciones en otros países productores de petróleo, podían esperar que no se renovaran las concesiones. La respuesta del gobierno Caldera I fue la promulgación de varias leyes para intentar revertir la desinversión en el sector petrolero y estatizar actividades como la explotación del gas y la comercialización de los derivados de hidrocarburos, y en paralelo el aumento del impuesto sobre la renta a la actividad petrolera.  Todo esto representaba mayores ingresos para el Estado venezolano.

Este afán estatista llegó a su clímax entre 1974 y 1975 con la elección de Carlos Andrés Pérez a la presidencia, quien en sus promesas de campaña incluía la “nacionalización” de la principal riqueza nacional.  Entre esos años fueron estatizadas las industrias del hierro y el petróleo.  Coincidió esos años con un conflicto en el medio oriente que hizo que los precios del petróleo se incrementaran casi 400%. Con una industria estatizada, para el gobierno del momento fue como ganarse la lotería. Y se comportó como tal. El gasto público se incrementó de manera abrupta, creando la ilusión de que por fin se había logrado la riqueza y el desarrollo. Y era difícil decir que no creer que era así, la clase media sentía que lo lograba todo y llegamos a ciertos niveles de locura, de gasto desenfrenado (en USA nos llamaban los “ta’barato”).

Esa riqueza, tal como la miel, atrajo a muchos emigrantes e hizo que nuestros vecinos de Latinoamérica nos vieran con cierta envidia y reconcomio. Los mismos sentimientos que bien describe Carlos Rangel en su obra magna Del buen salvaje al buen revolucionario, que en general sentimos los latinoamericanos respecto de los Estados Unidos en donde nos parece insoportable que en el mismo tiempo histórico ellos hayan alcanzado el desarrollo y nosotros no.

Obviando ese detalle, Venezuela fue un país diferente a otros de Latinoamérica en ciertos aspectos sociales, y eso lo he aprendido en mis años viajando a lo largo del continente.  Nuestra sociedad tenía mucha más movilidad social que otras, había mucha más apertura al inmigrante y, a pesar del estatismo, la clase media se hizo importante en la generación de riqueza, con todo y las taras compartidas.  

Respecto de la inmigración hay que hacer un apartado. En Venezuela hubo dos procesos migratorios importantes, el primero alrededor de 1950, que abrió las puertas a exiliados europeos de la segunda guerra mundial. Ese proceso migratorio fue un proceso de asentamiento (siguiendo las ideas de Acemoglu y Robinson), lo que hizo que esos “musiues” (portugueses, italianos, españoles, entre otros) se integraran en la sociedad, integraran su cultura y se sintieran parte de ese país que les abrió las puertas. El segundo proceso migratorio coincidió con el boom petrolero, y ese fue de tipo extractivo. Vinieron en ese proceso inmigrantes que lo que querían era aprovechar la riqueza que veían en Venezuela y que no había en sus países, solo venían de paso mientras lograban extraer riquezas. Y digo de paso, porque podía ser que Venezuela les abriera las puertas a otro destino (USA o Europa, principalmente) o luego de sentir que había logrado cierto bienestar, en menor medida, poder regresar a su país. Estos inmigrantes, mayormente latinoamericanos, también se mezclaron y trajeron con ellos también sus taras y resentimientos.

Hoy que a los venezolanos nos ha tocado emigrar de manera forzosa, por las causas descritas previamente, nos sorprende que tanto gobiernos como la ciudadanía de nuestros vecinos (y “hermanos”) latinoamericanos nos rechazan, discriminan y dificultan la estadía en sus países.  Ante todo, no quiero exculpar a muchos de mis compatriotas con malos comportamientos, que creen que tienen derecho de exigir cosas a estos otros países. 

Pero ¿por qué los gobiernos pondrían las cosas difíciles? Recuerden que el primer producto de exportación de muchos países de Latinoamérica son personas. La mayoría de estos países viven de las remesas que envían sus emigrados desde países desarrollados. Y eso complace a las élites económicas y políticas (aunque sea políticamente incorrecto admitirlo). Entonces, porque admitir a unos inmigrantes que van a venir a competir con nuestros ciudadanos y de paso, van a extraer remesas (nos gusta recibir, pero no que envíen, pero eso de las remesas lo discutiremos en otro artículo).

Y los ciudadanos? No se acuerdan cuando sus países vivían en crisis o bajo dictaduras y Venezuela les abrió las puertas. Pues no. Y no se quieren acordar, porque el rechazo a los venezolanos es la respuesta del envidioso de alegrarse de que quien envidiaba ahora perdió los atributos que causaban su envidia. Es el revanchismo de recordar que “ayer Uds eran ricos y ahora son pobres, y eso me complace”. Y este reconcomio llega a restregarnos en la cara que hemos sido incapaces de derrocar a la tiranía que nos mantiene en la miseria. Y esto pasa, con ciertos matices, en cualquier país del vecindario (mayormente en aquellos que en la época de bonanza venezolana eran más pobres). Y aunque hay gente que amablemente nos ha abierto las puertas de sus casas y vecindarios, siempre está el reconcomio (a mi mismo me han mandado de vuelta a mi país o me han recriminado de haber huido como refugiado, a pesar de ya tener la nacionalidad del país que me recibió y en muchos casos pagar más impuestos que quienes me han señalado)

Un buen amigo publica en su facebook una noticia terrible que en Chile asesinan a una venezolana dentro de su propiedad por tener la música alta. Y lo peor de la noticia es notar que en la mayoría de medios dentro comunicación de ese país del sur vienen sistemáticamente deshumanizando a la migración venezolana.  Y ese proceso de deshumanización está asentado en ese sentimiento de creerse superiores ahora que los venezolanos ya no tienen su antigua riqueza.



Este amigo cierra bien su reseña con una reflexión que aplica a todos aquellos países de la región en donde aflora ese resentimiento anti venezolano: no se crean mejores ni diferentes, solo van más lentos en el camino de su destrucción. Las taras latinoamericanas son las mismas, y siempre afloran, y tarde o temprano los alcanzarán. En el panorama actual, solo parece que Argentina está empezando a desandar ese camino autodestructivo, pero apenas está dando la vuelta.

Solo pido que este tiempo oscuro nos haga aprender a los venezolanos muchas cosas, pero entre ellas debemos tener dos muy claras: una vez recuperada nuestra libertad jamás hay que volver por la senda del socialismo y la inmigración con fines extractivos hay que limitarla.

Amanecerá y veremos

domingo, 14 de julio de 2024

Porque no me gusta el fútbol y porque no tengo fe

Pero el fútbol despierta las peores pasiones, despierta sobre todo lo que es peor en estos tiempos, que es el nacionalismo referido al deporte. Porque la gente cree que va a ver un espectáculo, pero no es así. La gente va a ver quién va a ganar.

Jorge Luis Borges

El fútbol es un deporte que despierta pasiones. En lo personal no es un deporte que me guste particularmente ni sigo constantemente.

El único evento futbolístico que siempre le di algo de seguimiento han sido los mundiales de fútbol.  El primero que vi fue España 82, y el equipo que me enamoró fue la selección de Brasil.  En aquella época no veía el tinte nacionalista que revertía seguir a una selección nacional de fútbol, para mi era sólo un equipo.  En 1990 sentí por primera vez el tema nacionalista, cuando en el mundial del momento, compañeros de colegio, descendientes de italianos, se burlaban porque en ese momento uno apoyaba a la selección de Argentina (con Maradona en su plantilla y su recordado "hijos de p..." cuando en el stadium pitaban el himno argentino) y llegué a oir el impromerio "ustedes (venezolanos) ni siquiera tienen selección en el mundial".  

Celebré en 1994 cuando la selección de Brasil logró el triunfo en penales ante Italia.  En esa oportunidad cuando le preguntaron a Ronaldo sobre las celebraciones en Venezuela (en varias ciudades se vieron caravanas de color amarillo y verde, como cualquier ciudad de Brasil), a lo que este respondió algo como que los venezolanos no tenían porqué celebrar ese triunfo. Todo un balde de agua nacionalista.

Con los años fui disminuyendo el seguimiendo a la selección de fútbol de Brasil.  Recuerdo que en una discusión con un compañero de trabajo, cerca del mundial de Francia 1998, este me increpaba sobre si yo creía que Brasil era mejor país que Venezuela por apoyar a su selección de fútbol, algo que me parecía una insensatez, yo solo disfrutaba el buen juego que hacía esa selección, para mi no tenía nada que ver con un sentimiento nacionalista.

Pero ahí el problema del fútbol, en especial las competencias de países (Mundial, Copa América, Eurocopa, etc.).  Además de ser parte del cloroformo social que adormece y distrae a la gente de las cosas importantes, estas competencias despiertan un colectivismo nacionalista que, y tal como pensaba Jorge Luis Borges, me parece deleznable.

A todo esto, la selección de fútbol de Venezuela siempre ha tenido un muy bajo nivel.  Competimos en la Conmebol, una de las regiones de fútbol más competitivas, y eso ha relegado a la selección a que nunca se haya podido clasificar a un Mundial.  Incluso en años donde había buena oportunidad ya que, o no competían Brasil o Argentina, o porque se habían ampliado los cupos, el bajo nivel de juego de la selección hacía perder oportunidades de juegos con selecciones comparables y al final no se lograba clasificar.

Al parecer en esta eliminatoria para el Mundial de Fútbol de 2026 hay mejor chance. Para la Conmebol hay 6.5 cupos para el Mundial, lo que abre la oportunidad a que no sólo los equipos grandes puedan clasificar.  Adicionalmente, el desempeño de la selección de Venezuela ha sido un poco superior a lo acostumbrado.  De ahí que empezó toda una campaña con un slogan esperanzador "Mano, tengo fe".

Entiendo que, luego de más de 25 años de la actual tragedia socialista que padece Venezuela (y que lamentablemente no tiene fin en el corto plazo, soy pesimista), la actuación de la selección de fútbol (la llamada vinotinto) en la actual Copa América ha insuflado ciertas esperanzas dentro de la población venezolana dentro y fuera del país.  Esperanzas vinculadas a dos cosas: 1) la posibilidad de que la selección clasifique al Mundial y 2) la necesidad extrema de tener algo positivo dentro de los malos tiempos que nos ha tocado vivir. 

Sería mezquino de mi parte no reconocer que el nivel de juego de la selección de Venezuela ha mejorado mucho, pero también sería una insensatez pensar, como muchos creían, que en la actual Copa América podían llegar a jugar la final o en algunos casos, llegar a ser campeón. Lo mismo aplica para las eliminatorias al mundial, hay mejores chances, pero tampoco hay que creerse que será fácil, mas allá del mal momento que puedan vivir selecciones fuertes como Brasil.

En pleno juego de cuartos de final, a Venezuela le tocó jugar contra Canadá. Sintonicé tarde el juego, y cuando empiezo a verlo, ya veo que perdía 1-0, a lo que comenté en mis redes "La vinotinto: jugando como nunca, perdiendo como siempre".  Algo que sirvió para que yo fuera objeto de críticas y de improperios por "no tener fe".

Y ahí está mi posición. Para mi el fútbol es un juego. Gane o pierda el equipo al que apoye, no cambiará mi bienestar, ni mejorará Venezuela. Por esas cosas es que no me gusta el tufo nacionalista de las competiciones internacionales de fútbol. Y por eso no tengo fe.

Amanecerá y veremos.

miércoles, 6 de julio de 2022

Nubes que opacan la computación en la nube (III): GoFundMe o GoFraudMe

El internet que conocemos hoy en día nació a partir de proyectos militares post segunda guerra Mundial y durante los años de la denominada Guerra Fría.  Al terminar este conflicto, parecía que ese interés de compartir recursos computacionales para fines bélicos ya había terminado, por lo que, a través de distintas iniciativas regulatorias, para inicios de los años 90, se levantó la prohibición existente de uso comercial en esta plataforma tecnológica.  

Mucha gente, incluidos los gobiernos, pensaron que esta plataforma tecnológica, cuyo uso era de especialistas técnicos no tendría mayor desarrollo.  Bien recordado es el erróneo vaticinio hecho por Paul Krugman que decía que "Para el 2005, será claro que el impacto de Internet en la economía no ha sido mayor al impacto de las máquinas de fax".  De hecho, esa subestimación por parte de los gobiernos es lo que permitió que la economía basada en Internet se desarrollara sin mayores regulaciones que las propias su crecimiento, con los aciertos y errores que esto puede traer.

Actualmente, el desarrollo del Internet, siguiendo la idea hayekiana del aprovechamiento del conocimiento disperso, ha alcanzado unos niveles de transformación de la economía real que va desde cambiar muchos negocios tradicionales al descubrimiento de modelos de negocio que antes no existían.

Uno de estos modelos es el de la colaboración en red para conseguir fondos y apoyar actividades.  Desde los pioneros sistemas de envío de pago (que han reducido de forma significativa los tiempos y costos de enviar dinero) como Paypal o Payoneer, a modelos que conectan a patrocinantes (Patreon) o plataformas que usan figuras públicas para conectar con sus admiradores (Onlyfans).  Ejemplo de esos modelos de negocio es GoFundMe, una plataforma con fines de lucro para la recolección de fondos (crowdfunding) para distintas iniciativas que van desde eventos hasta situaciones de enfermedad o ayudas estudiantiles.  Personalmente tuve un caso cercano de una buena amiga que usó la plataforma para recaudar fondos para una intervención quirúrgica.

Lo que me parece virtuoso de ese modelo de negocios es que permite conectar a personas que necesitan fondos con posibles donantes, y por sobre todo, se derrumba el mito de la falta de cooperación en la sociedad, usado sobre todo por grupos de interés, que dado que la gente no contribuirá con sus causas, hay que solicitar esos fondos al gobierno, para, vía impuestos, obligar a la gente a financiar causas que quizás libremente no lo haría.

En días recientes, y a pesar del silencio de grandes medios, se organizó una protesta de camioneros en Canadá, para obligar a las autoridades en derogar las medidas restrictivas relacionadas con la vacunación obligatoria como consecuencia del Covid-19.  La primera reacción del primer ministro de Canadá, el progresista Justin Trudeau, fue intentar minimizar la manifestación de los camioneros, alegando que se trataba de un grupo marginal e incluso que era protagonizado por la «extrema derecha» y «supremacistas raciales».  Hay que recordar que el gobierno de Canadá ha mostrado una serie de signos totalitarios, no sólo respecto de la situación de la pandemia del Covid-19.

La protesta fue creciendo y las caravanas de camioneros llenaron la ciudad de Ottawa para hacer valer sus peticiones.  Las protestas han sido pacíficas (a diferencia de las organizadas por movimientos marxistas como Black Live Matters) pero contundentes.  Tanto que el primer ministro Trudeau tuvo que refugiarse en un "sitio desconocido" para luego publicar en su cuenta de twitter que había sido diagnosticado con Covid y debía trabajar de forma remota.

No sólo los camioneros estaban en la protesta. Una cantidad importante de personas empezaron a donar dinero a la causa de los protestantes, que legítimamente exigían el fin de las restricciones y que el gobierno se detenga en sus pretensiones totalitaria de progresivamente reducir libertades.  Hasta hace unos días, y a través de la referida plataforma GoFundMe, habían recaudado mas de 9 millones de dólares americanos de mas de 113 mil personas.

De un día para otro, y usando la excusa (muy usada en estos días recientes en polémicas de plataformas de Internet) de violación de los términos de servicio por "violencia y otras actividades ilícitas".  Nuevamente aparece la peligrosa situación de la aplicación de términos y normativas ambiguos, que pueden cambiar de forma unilateral y cuyas sanciones son inapelables (algo que discutimos en un artículo previo).  Y algo peor, GoFundMe ha decidido tomar parte de lo recaudado y repartirlo entre ONG's ideológicamente alineadas con ellos, y el resto, devolverlo a los donantes, si "estos últimos lo solicitan", es decir, GoFundMe pretende quedarse con el dinero donado, aprovechando la inacción colectiva de mucha gente.

Y tal como advertí en el primer artículo de esta serie, este accionar de las empresas de BigTech siembra serias dudas sobre negocios en la nube, ya que, nuevamente, luego de arduo esfuerzo, estas empresas pueden decidir robar lo recaudado simplemente porque las ideas de la iniciativa no coincidan con las de GoFundMe.  Y no es simplemente, como dicen muchos, que "si no te gusta los términos del servicio, usa otra empresa".  Lo que está pasando es que estas empresas de servicios pretenden privatizar espacios públicos y el cambio constante de los términos de servicio es un atentado al estado de derecho y al respeto de los contratos.

Me sigue sorprendiendo que los ataques mas fieros a la libertad provendrían de unas empresas de un sector que nació prácticamente libre, sin regulación alguna, y que fue gracias a esa libertad que se han desarrollado y han logrado convertirse en lo que llaman ahora Big Tech.  El problema es que muchos los líderes de estas empresas tienen ideas equivocadas basadas en que todo aquello que no les guste, puede ser cerrado.  Y esto es un ataque a la libertad.  Sin olvidar que muchas de estas empresas Big Tech tienen una relación incestuosa con los gobiernos.

Es imprescindible darnos cuenta que así como la tecnología puede ser usada para el avance de las sociedades y para el ejercicio de nuestras libertades, esta misma tecnología, en manos de los gobiernos, puede representar un serio riesgo a nuestras mismas libertades. Y es algo sobre lo que debemos estar siempre vigilantes, que, como decía Jefferson, es el precio de la libertad. 




domingo, 31 de enero de 2021

Nubes que opacan la computación en la nube (II): Normas Comunitarias versus Estado de Derecho

Dice una leyenda urbana que, si uno leyera a fondo los términos de servicios que uno habitualmente adquiere (cuentas de banco, líneas telefónicas, etc.), no los adquiriera dadas las protecciones que los proveedores colocan en letras pequeñas en dichos contratos.

La sociedad comercial moderna se basa en contratos. Contratos de corta ejecución y por ende simples (por ejemplo cuando usted compra un bien inmediato) o contratos cuya duración es larga y por ende su ejecución se vuelve compleja, dado que mayormente los contratos son incompletos ya que "ex-ante" no se pueden proveer todas las situaciones de una relación contractual.  A pesar de estas irregularidades, una de las condiciones necesarias de los contratos es que, estos deben ajustarse a las leyes que rigen el estado de derecho y no deben ser modificados de forma unilateral por una de las partes.

Desde el nacimiento de la computación comercial han existido los términos de servicio, ya que las empresas comercializadoras de software se han cuidado dentro de sus relaciones comerciales, que los compradores de sus software no puedan tomar a las fallas naturales de los productos como incumplimiento de los contratos y por ende, demandarlos judicialmente.

Al aparecer los servicios digitales en Internet, estos términos de servicio se extendieron a esta área. De hecho, cuando usted abre una cuenta de correo o en una red social, siempre se coloca el check mark de "acepta usted nuestros términos de servicio".  Términos que, con la evolución del negocio digital, han venido cambiando de forma unilateral por parte de los proveedores de servicio y se entiende que si se sigue usando el servicio es que, usted como usuario, ha aceptado estos cambios.

De los términos de servicios, con el aparecer del concepto de red social, ha aparecido el nuevo concepto de "Normas Comunitarias". Una especie de legislación especial que rige las relaciones entre esas comunidades digitales, y que, si usted como usuario las viola, puede estar sujeto a sanciones temporales o incluso permanentes, lo que puede implicar, que el proveedor le puede denegar, de por vida, el servicio. Éste es el caso de la suspensión a Donald Trump en Twitter, o más recientemente a César Vidal en YouTube.
Se pudiera argumentar que estas empresas, como empresas privadas, pueden decidir sus reglas y admitir a quien ellas lo decidan. Hasta aquí el argumento pudiera soñar correcto. El problema son estas "Normas comunitarias" y su aplicación. En primer lugar estas no son normas comunitarias, son términos de servicio establecidos por el prestador de servicio, en muchos casos son ambiguas y poco claras y, en especial, sus procedimientos de sanciones son poco claros y en muchas ocasiones cambiantes según la circunstancia.  Adicionalmente, estas sanciones son inapelables, convirtiéndose estos proveedores en jueces supremos fuera del sistema legal del Estado de derecho.

Como argumenté en el primer artículo de esta serie, la decisión de denegación de servicios de estos proveedores, por razones muchas veces no claras o simplemente porque quien contrata no comparte la ideología política del proveedor, este último puede suspender de forma unilateral los servicios y acabar de un día para otro con el negocio. O como se hace en China, servir para condenar al ostracismo social a quienes las violen.

Éste tema de las normas comunitarias es un riesgo para la sociedad contractual y para el estado de derecho y para la sociedad libre. Es algo que se debe ver con mucho cuidado. Estudiarse a fondo en las escuelas de derecho.
Por lo pronto se debe enfrentar a estas empresas que, usando su poder económico, pretenden imponer su visión ideológica de lo que sería la legislación: no hay ciudadanos, hay usuarios (los cuales no tienen derechos); no hay estado de derecho, hay normas comunitarias (cuyo funcionamiento es inapelable).

jueves, 14 de enero de 2021

Nubes que opacan la computación en la nube: Parler y AWS

"Una vez, los hombres entregaron sus pensamientos a las máquinas con la esperanza de que estas los liberaran. Pero esto solo permitió que otros hombres con máquinas los esclavizaran"

Frank Herbert Dune

Empiezo por aclarar que soy computista. Mi práctica profesional de más de 20 años se ha desarrollado en el mundo de las bases de datos y el internet.  Y para más señas, mi negocio tiene una base importante de implementaciones en la nube.  Siempre me ha maravillado el desarrollo de las tecnologías de información ya que, entendía yo, gracias a ellas las sociedades tendrían un mayor bienestar y libertad dado los incrementos asombrosos de productividad que se lograban con el uso de estas herramientas.  Aún más con el desarrollo el internet, esa capacidad de interconexión le permitiría a gente más alejada de los centros de producción de conocimiento y riqueza, acercarse a estos y superar esa lejanía, que en muchos casos, también significaba pobreza.

El rápido progreso del internet, cuya penetración ha sido mucho más rápida que el teléfono tradicional y la propia electricidad, fue permitiendo que se ampliaran y desarrollaran canales de comunicación mas potentes e inmediatos, lo que llevó al siguiente paso: si estamos todos interconectados, para que tener centros de cómputo en cada casa o empresa.  Empezando con el correo electrónico, seguimos con el almacenamiento y ahora la computación en el internet, o cómo coloquialmente se le dice "en la nube".

La promesa de los principales proveedores de computación en la nube, es que se reducirían los gastos de capital, la capacidad de cómputo sería de acuerdo a lo que se demandara y por sobre todo, la seguridad estaría garantizada ya que estos grandes proveedores habrían hecho las inversiones necesarias.  Lo único que había que hacer era contratarles (a los proveedores) sus servicios y el desarrollo de su negocio no tendría que preocuparse por la infraestructura tecnológica, que, tal como la electricidad, ya era un comodín.  A partir de ahí se desarrollaron nuevos conceptos: Infraestructura como servicio, software como servicio, bases de datos como servicios.  Y por sobre todo, lo que prometían era que, ellos serían aliados "neutrales" para que los negocios crecieran.

Todo parecía muy bien hasta hace unos pocos días.  El pasado 6 de enero y a raíz de los eventos sucedidos en el Congreso de USA durante la ratificación de Joe Biden, Twitter decide suspenderle definitivamente a Donald Trump su cuenta "para evitar más incitación a la violencia".  Es decir, Twitter es capaz de preveer el futuro y a partir de ahí suspende la cuenta de Trump para que "no vuelva a delinquir".  Todo esto parece una escena de Minority Report.  No fue que Donald Trump incumplió una regla del servicio, fue que el proveedor, que bajo las leyes debe ser neutral, aplica una línea editorial y suspende una cuenta para evitar que haga cosas en el futuro.  Ya esto es gravísimo, porque así como le pueden suspender la cuenta a una persona pública (que no es cualquier persona, el presidente de los Estados Unidos), que no pueden hacer con personas de menos exposición, más aún cuando estas empresas, con sus aplicaciones, recogen cientos de datos de las opiniones y comportamientos de los individuos.

Episodio siguiente, gente que se sintió agredida con lo que le hicieron a Donald Trump, decidieron migrar a otra red de microblogging: Parler.  Pues otros socios tecnológicos lo primero que hicieron fue suspender de sus tiendas de aplicación a dicha aplicación.  Y paso seguido, el proveedor de servicios cloud, a saber Amazon AWS, decidió de forma unilateral suspender el contrato de servicios de alojamiento de servidores, dejando a Parler sin negocio posible, o al menos hasta que este busque otros servicios de alojamiento de servidores.

Esto que ha hecho Amazon AWS sienta un precedente muy grave y pone en duda la fiabilidad de estos proveedores de servicios de infraestructura.  Si en el día de mañana, Amazon AWS, Microsoft o cualquier otro proveedor decide, por razones ideológicas, suspender los servicios de infraestructura al negocio que sea, sólo porque los dueños de ese negocio piensan distinto o apoyan a un candidato político que no les guste a los dueños o stakeholders de estos proveedores, y de un día para otro deciden unilateralmente suspender los servicios.  Y si es un banco? de un día para otro ya todos los clientes perderían su dinero (me hace recordar mucho la película Die Hard 4.0).  Y en este mundo inflacionario y e banca de reserva fraccionaria, en el mejor de los casos, nueve décimas partes (9/10) del dinero que reportan los bancos centrales es dinero virtual, dinero en asientos contables (tal como explica mi admirado Jesús Huerta de Soto), y es dinero que pueden desaparecer de un plumazo, o en este caso con un clic.

Este incidente con Parler debe hacer pensar a muchos ejecutivos de empresas sobre la computación en la nube. Hoy fue Parler, mañana puede ser cualquiera de nosotros.  Sólo por el simple hecho de que las ideas que uno comparta no sean del agrado de los ejecutivos del proveedor. Y otro elemento que siembra dudas nuevamente sobre el "cloud computing": la privacidad.  Que tanta privacidad puede haber si el proveedor puede decidir suspender los servicios por lo que uno piense o pueda pensar.

Realmente jamás pensé que los ataques mas fieros a la libertad provendrían de unas empresas de un sector que nació prácticamente libre, sin regulación alguna, y que fue gracias a esa libertad que se han desarrollado y han logrado convertirse en lo que llaman ahora Big Tech.  

Como dirían coloquialmente en mi país: quisieron hacer una gracia y les puede salir una morisqueta.  Y yo creo que les va a salir muy caro

Y si, en el "bottom line" se trata de la libertad. Libertad de expresión, libertad de empresa y en si, de la LIBERTAD.

domingo, 10 de enero de 2021

El desprecio progresista por el hombre común

El 6 de enero de 2021 sucedieron unos hechos inéditos en la política de los Estados Unidos.  A partir de una manifestación de partidario de Donald Trump a las afueras del congreso, un pequeño grupo entró en las instalaciones de esta institución de forma violenta, buscando detener el proceso de ratificación de los votos electorales.

Los Estados Unidos me sigue maravillando por la solidez de sus instituciones.  Más allá de lo que podamos pensar, de que el establishment político nunca votará o hará alguna acción para alterar el status quo que los beneficia, la idea central en lo que sucedió ayer al ratificar a Joe Biden, es que el sistema debe estar por encima de los hombres, un gobierno de leyes, no de hombres, y eso me parece loable.  Y desde mi punto de vista, fue un error de Trump pensar que en el congreso se podía revertir lo que el proceso electoral había arrojado, mas allá de las dudas razonables que existen sobre el mismo.  Dudas que son reales, pero que el equipo legal de Trump no logró que fueran aceptadas ante los tribunales.

Desde 2016 he venido apoyando a Donald Trump.  He criticado, y aún lo hago, a venezolanos que, por su aspecto populista (tal como en este episodio del politigato), repetían "es que es igual a Chávez".  El populismo puede ser de izquierdas o de derechas.  El de izquierdas siempre es más dañino, porque la izquierda siempre buscará dominar a la sociedad, ya que el proyecto de la izquierda es el socialismo.  Y el socialismo, siempre, sin importar su origen, revolucionario o democrático, siempre será totalitario, ya que dos de sus bases fundamentales tienen como objetivo "transformar" de forma total a la sociedad: control e ingeniería social.  

Viendo los hechos de ayer, en la noche escuchaba a varios analistas (todos de izquierdas, demócratas) en CNN en Español (canal de producción de noticias con un evidente sesgo progresista) en donde decían que él problema es que el discurso de Trump había calado en estados "abiertamente conservadores en donde los votantes de Trump son gente poco estudiada y "fanática".

Este razonamiento me hizo recordar algo que es muy común en la educación dirigida por el progresismo.  En mi propio país natal, Venezuela, era algo muy común, que hubiese el meta mensaje de que por haber asistido a la universidad uno era mejor que aquellos que no.  De hecho, la masificación y hasta cualquierización de los grados universitarios tienen detrás la idea de que, con el título universitario, la persona podrá automáticamente ascender socialmente y dejar de ser un "cualquiera".

Esto también pasa en los Estados Unidos.  En un artículo previo reseñaba que el proceso de adoctrinamiento en favor del progresismo y las ideas de izquierda es algo que viene ocurriendo en las universidades de Estados Unidos desde hace no menos de veinte años.  Y el adoctrinamiento no es nada más en favor del progresismo, sino en el desprecio de su propia sociedad y su propio país.

A pesar de ser un país desarrollado, los Estados Unidos sigue siendo un país mayormente rural, tradicionalista y conservador.  Ir a la universidad es, para pocos. Y es algo que más allá del costo (que ha venido incrementándose a lo largo de los años).  La riqueza de la sociedad estadounidense le ha permitido a la gente, que, aún con oficios y profesiones no universitarias, vivir con decencia y sobre todo reproducir esa riqueza.  Es muy normal, en cualquier pequeña ciudad o condado en Estados Unidos, que la gente pase toda su vida en el mismo poblado, donde desarrolla su vida, su familia y su oficio.  Oficios que llenan de orgullo a la gente.

Pero la educación progresista inculca que es deshonroso el trabajo, los oficios no universitarios.  Eso mismo me di cuenta cuando, en una de mis experiencias estudiantiles fuera de Venezuela, encontraba que mis compañeros de estudio no tenían ningún problema en trabajar en oficios como meseros o ayudantes de limpieza, mientras ganaban experiencia en su profesión.  Algo, que en mi país, sería una deshonra.  En mi país, como en buena parte de Latinoamérica, hay oficios para determinadas clases sociales.

En la película Grown ups 2 (titulada en español, Son como niños 2), la trama gira en torno al retorno del protagonista a su pueblo natal, luego de alejarse de su trabajo en Hollywood en una ciudad tan agitada como Los Ángeles.  Pero ahora en el pueblo hay una facultad de una universidad, por lo que en el pueblo conviven universitarios que no son originarios del mismo.  En una escena donde el protagonista y sus amigos quieren disfrutar de un lago que habitualmente visitaban desde niños, llegan estos universitarios a mofarse y burlarse de que "son albañiles atascados en un pueblucho por el resto de sus vidas"




Esta deformación de la educación me parece deplorable.  Hace algún tiempo lo veía en las opiniones de una persona en el muro de Facebook de una conocida venezolana,  progresista para mas señas, que se quejaba del resultado de unas elecciones en Florida, en donde ella deseaba que estos "incultos" que votan tenían sus días contados ya que las nuevas generaciones estarían más educadas.  Esta misma conocida, luego de los resultados electorales, hacía una correlación entre los condados con más contagios de COVID y aquellos condados que habían votado más a Donald Trump, dejando entrever que eran unos incultos.

Lamentablemente esta idea "progresista" está muy extendida en la mente de la gente. Y es buena causa del conflicto actual en los Estados Unidos.  Y si el nuevo gobierno demócrata lleva a cabo una de sus promesas, condonar los préstamos estudiantiles con dinero de los contribuyentes, muchos de ellos no universitarios, va a seguir alimentando este conflicto.

Mientras el progresismo, tanto como el socialismo, sean ideas respetables, evaluadas por sus "buenas" intenciones, mantendremos conflicto en la sociedad.  Y populistas se aprovecharán de ese conflicto para llegar a la gente y acceder al poder, para bien o para mal.


domingo, 18 de octubre de 2020

La libertad de expresion es buena, solo si piensan como yo...

La libertad de expresión implica que uno debe admitir y tolerar que la gente tenga la opinión que tenga, aun cuando en el marco de nuestras propias concepciones y paradigmas, o incluso la evidencia, esa opinión puede estar equivocada.  La gente tiene todo el derecho de pensar y opinar que 2+2 es igual a 5, pero la realidad es otra y, como diría Ayn Rand, "puedes ignorar la realidad, pero no puedes ignorar las consecuencias de ignorar la realidad".


En varias ocasiones me he encontrado en discusiones sobre política con conocidos y amigos, en donde mis posiciones, al parecer muy radicales, cuando no tienen forma de debatirlas, estas personas recurren a falacias lógicas, usualmente hombres de paja o ad-hominem.

La última ocasión, fue con motivo de que comento sobre un artículo https://www.noticierodigital.com/2020/10/jovenes-venezolanos-se-rebelan-contra-sus-padres-y-apoyan-a-biden que comparte una conocida en su muro de Facebook.  Mi respuesta a este artículo fue la misma que he expresado ante todo aquel venezolano, que luego de salir huyendo de Venezuela producto de las consecuencias del socialismo, al asentarse en su nuevo país (especialmente USA), van y apoyan al mismo tipo de políticos (politicians) y políticas (policies) de corte socialdemócrata (y algunas veces socialistas) que llevaron a nuestro propio país a la ruina. 

El que una persona de nuestra edad (estoy en la mitad de mis 40), no logre salir de esos esquemas mentales, puedo hasta entenderlo (más no lo justifico), pero que un jovencito millenial, que no supera los 25 años, salga a decir que "por rebeldía" va a votar en contra de Trump porque "rechazan sus expresiones políticas, sus medidas contra la crisis climática o sus políticas migratorias", me parece una soberana idiotez, además que muestra una vez más, que el adoctrinamiento a los jóvenes sigue a pasos agigantandos en el sistema educativo en USA (algo que ya han advertido autores como Thomas Sowell o Ben Shapiro)

La habitual respuesta, y en este caso la recibí, es la típica del provincianismo totalitario latinoamericano: como no vives en USA, no tienes derecho a opinar sobre lo que sucede ahí. Pero esto es, porque mi opinión es contraria a la visión socialdemócrata de quien hizo la publicación.  Y ese es precisamente el punto que quiero hacer relevante en mi artículo.

Usualmente la gente no cree en la libertad de expresión, y en especial aquellos que tienen una visión política que tiende a la socialdemocracia.  De forma hipócrita se dicen "defensores de derechos humanos" pero secretamente (y ahora no tanto) harían todo lo posible por callar toda opinión que no fuera la del consenso, la de "la mayoría", sin importar las formas ni los medios.  No por nada se contentan (y la expresan) con la idea de que a todo aquel que apoye a cualquier candidato político "radical" hay que callarlo, o aplicar la censura de la corrección política (como lo denuncia brillantemente Axel Kaiser).  Son los mismos que cuando le increpas por redes sociales sus posiciones que van en contra del país que los acogió, te bloquean (tal como me hicieron los tolerantes de @VzlanosconBiden).  Son los mismos que, cuando se meten a políticos, en estos tiempos de redes sociales, a la primera crítica te bloquean, y, si tuvieran poder, te metieran preso.

Opino sobre la política en Estados Unidos por diversas razones: 1) es el país más importante del mundo, y todo lo que ahí sucede, para bien y para mal, afecta al resto del mundo; 2) es un tema relevante que me interesa y que tengo años estudiando (no como mi interlocutora que, viviendo en USA y siendo ciudadana, jamás se había leido la constitución de su país adoptivo y sostiene que el régimen político es una democracia) y, finalmente 3) me angustia saber que, y como reitero, venezolanos que salieron huyendo del socialismo, pretendan hacer de USA un chiquero socialista (o socialdemócrata) como aquel del cual salieron. Además, opino sobre ese tema, porque me da la gana de opinar, estoy usando mi derecho de libertad de expresión. 

El socialismo es siempre totalitario, no importa si quienes lo implementan fueron electos de forma democrática.  Lamentablemente, el adoctrinamiento socialista en Latinoamérica es tan fuerte que los latinoamericanos emigran y no entienden la política de otra forma que no sea a través de cualquier expresión de socialismo (socialdemocracia, estado benefactor, intervención a la economía, impuestos a los ricos).  Y es precisamente esa, una de las causas del conflicto reciente en USA, que esos anti valores de las sociedades latinoamericanas están haciendo metástasis en la sociedad estadounidense.

Toda esta discusión se reduce, como ha sido desde los últimos cuatro años, al papel de Donald Trump en la política de USA.  Pero eso es un tema que desarrollaré en otro artículo. Mientras tanto, es importante reflexionar, de verdad creemos en la libertad de expresión? o es sólo una pose para, como buen latinoamericano, aparentar que sómos buenos ciudadanos.


domingo, 1 de marzo de 2020

Lo siento amigos liberales, el socialismo si funciona

En este 2020 se cumplen ya 100 años del artículo seminal de Ludwig von Mises "El cálculo económico en el sistema socialista".  En dicho artículo, el economista autríaco describe el problema económico del socialismo en donde, al no haber precios que reflejen la escasez relativa de los bienes, es imposible realizar la contabilidad de costos que es la base del cálculo económico de una economía, y por lo tanto el sistema socialista colapsaría.  Dos años después, el mismo Mises escribiría su libro Socialismo, en donde desarrolla no sólo el análisis económico sino también sociológico del socialismo.  Fue tan influyente este libro, que hizo que afamados liberales como Friedrich Hayek abandonaran sus iniciales posiciones en favor del socialismo.

Desde la trinchera austríaca y liberal, se advirtió de distintas maneras que el socialismo no funcionaba.  Primero Mises en los 20, y luego, al finalizar la Segunda Guerra Mundial fue Hayek, en especial con su libro "Camino de Servidumbre", en donde advertía que el llamado socialismo democrático, que estaba muy en boga en la época de la postguerra, tenía un destino muy parecido a su hermano de corte revolucionario, de llegar a ser totalitario.  Por plantear esa tesis, Hayek fue muy criticado y hasta denostado del mundo académico, aunque el tiempo le está dando la razón.

Otro que advirtió lo peligroso del socialismo, aunque en el fondo era un socialdemócrata convencido, fue George Orwell.  En su famoso cuento "Rebelión en la Granja", haciendo una fábula con los animales, describía de forma genial lo que terminaría siendo el socialismo (o animalismo, como lo llamaba en su libro): un sistema en donde una casta tomaba el poder en nombre de la igualdad y aplastaba de forma total al resto de la sociedad.  Se resume en la frase final del cuento "todos los animales son iguales, pero hay unos animales más iguales que otros".

Hemos pasado el siglo XX viendo los desmanes del socialismo, que dondequiera se instaló, generó miserias y sociedades con gobiernos totalitarios.  Y el socialismo siempre es totalitario, sin importar que quien lo intente implementar haya sido electo democráticamente.  E iniciamos el siglo XXI con Venezuela llevada a la miseria por un gobierno socialista electo democráticamente, y ahora España con un gobierno social-comunista que ya empieza a dar los mismos pasos del totalitarismo.

Si bien Marx, el gran teórico del socialismo, prometía en sus escritos que, una vez superado el capitalismo, el socialismo traería la sobre abundancia en la tierra y ya "el obrero" no tendría que enfrentarse a las necesidades odiosas que "imponía" el capitalismo.  Sus ejecutores decían lo mismo, que lograrían mejores niveles de vida que el capitalismo. Ninguno lo logró.

Y he ahí el error de óptica de quienes criticamos al socialismo.  Es completamente cierto que el socialismo ha sido un fracaso al intentar superar al capitalismo en generar bienestar material y libertades a los ciudadanos de las sociedades donde se ha implantado por completo.  Ni siquiera en aquellas sociedades donde ha prevalecido la versión democrática, han generado bienestar sin tener que recurrir a dejar funcionar al capitalismo en sus economías.

El objetivo de los políticos socialistas siempre es el mismo: obtener el poder para, en el pasado, reconstruir, y en el presente, destruir y moldear a la sociedad según su antojo.  Para lograr estos dos objetivos es necesario el poder total.  Y ese poder total también requiere que los jerarcas socialistas se conviertan en una casta que controlen todo, en especial, el poder económico.

Preguntémosle a Fidel Castro, a Hugo Chávez, a Nicolás Maduro, a Diosdado Cabello, a Daniel Ortega, a Cristina Kichner, a José Luis Rodríguez Zapatero, a Michelle Bachelet y a cuanto otro pillo socialista si el socialismo no funciona.  Para ellos ha funcionado muy bien.  Han tenido o tienen el poder político en los paises a quienes esclavizan.  Cuando no están en el poder, son parte de la élite mundial que lleva, a paso firme, la agenda globalista en pos de la imposición de un gobierno mundial.  Y todos ellos, son multimillonarios sin haber trabajado un sólo día de sus vidas, como lo hacen millones de personas alrededor del mundo para generar riqueza, la misma riqueza que el socialismo siempre busca expoliar y destruir.

Pues si amigos, el socialismo si funciona, pero no para el ciudadano de a pie.  Pero a esas élites, no les importa.

domingo, 12 de enero de 2020

La nueva izquierda, la misma izquierda: me han llamado homófobo

Ando enganchado por Twitter en una discusión con un amigo, ex compañero de maestría en Venezuela que ahora vive en España.  Todo empezó porque un día le increpé porque elogiaba a un ex-miembro de Podemos (ahora Mas-Madrid) quien había dado un discurso a favor de la comunidad LGBTI.

El primer recurso de mi amigo fue descalificar mi crítica porque "yo no sabía lo que estaba pasando en España ya que no vivía allá".  Días seguidos de discusión han terminado en un artículo que él publica en un portal de la comunidad LGBTI donde él habitualmente escribe, en donde hace un resumen sesgado de algunas de mis frases, y por supuesto, cierra haciendo un hombre de paja donde me señala como homófobo. 

El gran temor de este amigo que vive en España es la aparición del movimiento político (y ahora partido establecido) Vox.  El establishment mediático español ha tildado a Vox como un partido “ultra” conservador (el uso del ultra es directamente para descalificar cualquier propuesta o idea). Vox no ha hecho otra cosa que llamar la atención sobre temas relevantes para el ciudadano medio español, harto de la corrección política y de la imposición de políticas de privilegios.  Dentro de su agenda por supuesto está la defensa de la familia tradicional, el rechazo a la ideología de género y su imposición a través del adoctrinamiento en la educación y a la despenalización del aborto.  Estos puntos son los que molestan a mi amigo, por ser miembro del lobby LGBTI.

Mi crítica inicial no era por el contenido del mensaje, sino por quien lo daba, un miembro de un partido de extrema izquierda como lo es Más-Madrid (escisión de Podemos).  Me parece imperdonable que un venezolano, se encuentre donde se encuentre, luego de padecer bajo el socialismo, siquiera apoye a cualquier político de izquierdas, ya que el proyecto de la izquierda es el socialismo. Y el socialismo siempre es totalitario, sin importar que quien lo implemente haya sido electo democráticamente.

Hay que entender que, desde sus inicios, el proyecto socialista ha tenido en la mira la destrucción de dos instituciones: la familia y la religión. Marx escribiría que “la religión es el opio de los pueblos” y Engels señalaría que la familia era el sustento del sistema capitalista. Y todos los socialistas, de todos los partidos, tienen claro ese objetivo y actúan en consecuencia. Además, el socialismo siempre es dialéctico. Usa la confrontación. Busca el conflicto donde sea. Y para tal fin escogerá a cualquier tonto útil en su objetivo. Y la nueva izquierda, ahora se apoya en el colectivo LGBTI y las mujeres.

En su artículo, mi amigo hace una buena recopilación de legislaciones de varios países que penalizan la homosexualidad y la pederastia (van casi siempre ligadas). En su recuento inicia señalando a Honduras, a la cual denosta como una sociedad “conservadora y religiosa”. Claro, el problema es la religión y no la falta de igualdad ante la ley que padecemos en buena parte de Latinoamérica.  

Más adelante hace referencia a islas del caribe, ex colonias inglesas y ahora parte del Commonwealth británico.  En la mayoría de esas islas aún se mantienen legislaciones que penalizan la homosexualidad y la sodomía. Habría que recordarle a este amigo que esas mismas leyes existían en Inglaterra, y que fueron abolidas por el gobierno de la “ultra” conservadora Margaret Thatcher. Que aún existan leyes que penalicen el ámbito privado, es lamentable, hay que procurar derogarlas, pero eso no significa qué hay que otorgar privilegios legales a los colectivos que se ven perjudicados por estas legislaciones.

La izquierda, siempre fue anti homosexual. Habría que recordarle a mi amigo que el la Cuba socialista, el Che Guevara dirigía campos de concentración para los homosexuales. Y La Cuba revolucionaria no puede decirse que fuese un país fundamentalista, ni conservador, ni religioso.

La izquierda solo usa el reclamo de grupos oprimidos para su único objetivo: obtener el poder, implantar el socialismo, destruir la familia y cualquier institución que se interponga en su objetivo. Y eso es lo está ocurriendo en España. Podemos y el PSOE incluyen en su programa de gobierno políticas para “beneficiar” al colectivo LGTBI. Dentro de esas políticas está la inclusión de contenidos sexuales de género (la estupidez de que el género es una construcción social separada del sexo) en la educación de los niños, introduciendo contenidos para hacer que los niños cuestionen las enseñanzas de sus padres (buscando romper el vínculo de autoridad padres-hijos) y si los padres insisten en defender sus valores, pueden perder la patria potestad de sus hijos. Totalitarismo socialista. (La contra TV hizo una entrevista excelente a Rocío Monasterio de Vox). Por supuesto, dentro de esas políticas, incluyen la despenalización del aborto disfrazado de “derechos reproductivos de la mujer”. Y ni decir la locura de incluir, a juro, a un hombre en un concurso de mujeres, tal como pasó con quien representó a España en el Miss Universo.

Son tan evidentes las intenciones de los socialistas de Podemos y PSOE, que en un borrador de su programa de gobierno hacían referencia al apoyo para facilitar el vientre en alquiler, y como eso hirió susceptibilidades de la comunidad LGTBI, inmediatamente cambiaron al políticamente correcto “gestación subrogada”.

Quien me conoce sabe que soy liberal, que defiendo la libertad y la igualdad ANTE la ley. Pero, y tal como le he repetido a mi amigo, siempre estaré en contra del socialismo, siempre me opondré a cualquier político de izquierdas, y siempre estaré en contra que a través de la legislación se otorguen privilegios a colectivos (disfrazados de derechos) y estaré a favor de quien elimine esos privilegios. Estoy en contra del asesinato que representa el aborto, ya que es una violación del derecho fundamental: la vida. Como liberal sostengo la visión que siempre repite mi maestro Alberto Benegas Lynch (h): el liberalismo es el respeto irrestricto por los proyectos de vida de los demás. Lo que es inadmisible es que se use al estado para obligar a otros a aceptar proyectos de vida diferentes.

Y si un partido como Vox, se acerca a esos principios, por supuesto que simpatizo con ellos. 

Lamentablemente a mi amigo le ha pasado como aquella frase de Alexander Staunton: el socialismo es como una trampa para ratones. funciona porque el ratón no entiende por qué el queso es gratis. Mi amigo no ha entendido que es un tonto útil de los socialistas.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Leopoldo López: sentimientos encontrados

A final de la semana pasada, después de varios aplazamientos y dilaciones innecesarias (violando principios de debido proceso y rapidez de justicia) le fue dictada sentencia condenatoria a Leopoldo López.  Haciéndose valer de "pruebas" amañadas, la jueza condenó a López, quién ya tenía varios meses preso, a un período en prisión 13 años y un poco más.

A todas luces hay que rechazar el uso abusivo del sistema judicial que ha hecho el régimen socialista venezolano.  Pero hay que recordar que, desde siempre, los socialistas han usado y abusado de la ley y del control del sistema legal. En la versión nacionalista del socialismo (el nazismo), la ejecución de millones de personas por su raza (judíos) era totalmente legal y avalado por los tribunales.  Llegaban a la locura de juzgar a las personas por siquiera oponerse a los dictámenes del Fuhrer.  Sus hermanos comunistas no se quedaban atrás.  Durante la época de Lenin, y luego durante Stalin, la ejecución de juicios sumarios en donde condenaban a millones de personas a la muerte (rápida por ejecución o lenta en los campos de concentración). En el Caribe, los socialistas antillanos (llamados castristas) también aplicaron juicios sumarios a todos sus adversarios, y hasta a antiguos revolucionarios que en algún momento se opusieron al rumbo de la revolución (como Huber Matos quien pasó casi 20 años en prisión) o que le podían hacer sombra al gran líder (como Arnaldo Ochoa, "héroe" de guerra, fusilado luego de un juicio sumario por participación en el narcotráfico).

Me ha sorprendido la ingenuidad con la que muchos venezolanos han recibido la noticia condenatoria, y yo pregunto: ¿esperaban algo distinto? ¿una condena de menos años hubiese sido recibida como un "peor es nada"?. O acaso ¿esperaban que un poder judicial controlado por el gobierno emitira una absolución a López?.  Que está de más decirlo, esa era la única sentencia aceptable.

Se lo difícil que es estar preso.  Yo mismo estuve preso, por un corto tiempo, en la misma cárcel en la que esta hoy Leopoldo López.  Para uno como persona es muy duro. Imagino que además de la privación de libertad, los militares que custodian el centro penitenciario de Ramo Verde deben hacerle la vida imposible a López, y tal como buenos socialistas deben aplicar maltrato físico y psicológico para hacerle ver "su error" a López de oponerse al socialismo.  Para los familiares también es muy difícil.  No quiero imaginar el sentimiento de impotencia y dolor que deben sufrir los padres de López, lo mismo que su esposa.

Pero he de decir que esta situación de López me ha causado conflictos al intentar entenderla.  En primer lugar, no entendí nunca la estrategia de López de entregarse al régimen y sus tribunales.  Al entregarse renunciaba a la presunción de inocencia que todo ciudadano debe tener, y al someterse al sistema judicial chavista, manda el mensaje interno y externo, que estamos ante un sistema judicial independiente y transparente.  No me pasa por la mente pensar en que Rómulo Betancourt se hubiese entregado voluntariamente al régimen de Marcos Pérez Jiménez, para "hacer más fácil" la lucha contra el régimen.

En segundo lugar, no he podido soportar el peregrinar de la esposa de López a través de distintos medios y organismos internacionales, apelando a la lástima del sufrimiento que debe vivir.  Peregrinar que no ha servido de nada, ya que los organismos internacionales ni los gobiernos de otros países harán nada en contra del régimen socialista venezolano.  Ha llegado a la insensatez de apelar al mito del populista bueno (Chávez) que está siendo traicionado por el populista malo (Maduro), haciendo dejar ver que el populista bueno había dejado "un legado positivo".  Nada mas lejos de la realidad.

Lo que estamos viviendo en la actualidad en Venezuela iba a suceder con o sin Chávez.  Quizás el carisma de Chávez (del cual carece Maduro) hubiese podido ocultar un poco el desastre, pero esto era inevitable. El deterioro de la economía es el resultado de la aplicación del socialismo.  A medida que avanza el deterioro económico el gobierno aplicará más control político y le servirá para entronizarse aún más en el poder. Y este es el auténtico legado de Chávez.

En tercer lugar, el continuo llamado de López y sus familiares a ir a votar el 6D (fecha de las próximas elecciones parlamentarias) sigue mandando un mensaje inconsistente.  En Venezuela no tenemos un gobierno democrático que, en caso de perder las elecciones, entregará el poder.  En estos 15 años de socialismo chavista, quienes gobiernan han demostrado que por ninguna razón dejarán el poder, y se han valido de todos los medios posibles, legales o ilegales.  Han asentado una auténtica casta (usando el adjetivo utilizado por Pablo Iglesias, pupilo español del chavismo), y como casta consideran que el sitio y poder que hoy ostentan les corresponde por derecho (¿divino?) y por lo tanto no lo dejarán.  El engaño electorero ha llegado al paroxismo de que dirigentes de la coalición socialista de oposición (MUD) han dicho que en caso de ganar la mayoría parlamentaria liberarían a Leopoldo López (dejando ver que tampoco tienen el más mínimo respeto por la independencia del poder judicial).

Tengo que confesar que Leopoldo López no es santo de mi devoción.  Heredero del status quo adeco-copeyano (su papá fue presidente de Fundayacucho en ambos períodos de gobierno de Carlos Andrés Pérez).  Utilizó sus contactos e influencia para obtener un aporte monetario de PDVSA  para su ONG (y luego partido político) Primero Justicia (caso de corrupción que luego se aprovechó el chavismo para inhabilitarlo políticamente).  Luego que se separa de Primero Justicia, funda su partido Volundad Popular, otro partido que pretende implantar el socialismo en Venezuela, pero de forma democrática (y miembro pleno de la Internacional Socialista).

A pesar de mi posición política contraria a López y de esos hechos de su accionar político que ponen en duda su integridad, igualmente rechazo la condena aplicada.  Más aún cuando a los asesinos de la actriz Mónica Spear los condenaron a 5 años de prisión. Rechazo la sentencia porque es una muestra de uso abusivo del poder judicial y de las leyes.  Rechazo la sentencia porque es el accionar tradicional del socialismo en la justicia.

Ojalá esos 13 años no se cumplan y podamos salir del socialismo en Venezuela.

domingo, 3 de mayo de 2015

El efecto civilizador del Capitalismo

El Capitalismo ha sido el único sistema de la historia
en el cual la riqueza no se ha adquirido mediante saqueo,
sino mediante producción,no por la fuerza, sino mediante el comercio,
el único sistema que ha defendido el derecho de los hombres a su propia mente,
a su trabajo, a su vida, a sí mismos.
Ayn Rand

En un artículo publicado en Libremente, Nicolás Cachanosky describía las confusiones que existen en torno al término capitalismo.  Un término acuñado por Marx para describir el proceso de cambio producto de la revolución industrial a fines del siglo XIX.  Ayn Rand lo llamaba (y da título a uno de sus libros) el ideal desconocido, y por sobre todo hacía referencia al capitalismo puro, de laissez faire.  En mi caso, y tal como Nicolás, veo al capitalismo como la consecuencia económica de la aplicación general de los principios generales (éticos, legales y por supuesto económicos) del liberalismo.

Tal como indica Ayn Rand en la cita con la que abro el artículo, la mayor virtud del capitalismo es que fundamenta la creación de riqueza sobre el comercio, sobre el libre intercambio contractual de valores entre hombres libres (y quizás como decía Carlos Rangel, era su propia debilidad).  Antes de la aparición del capitalismo, la poca riqueza que se producía era por el saqueo y la expoliación.  Los bienes de riqueza que se producían era para el disfrute de unos pocos mientras la mayoría de la población permanecía en niveles de subsistencia.

Los procesos sociales son de larguísimo plazo.  Por lo que el reconocimiento de los derechos individuales y los principios de la sociedad abierta (y del capitalismo) no han sido entendidos ni captados de forma integral.  Tanto Karl Popper como Friedrich Hayek señalaban que el reiterado surgimiento del socialismo es producto de los vestigios de la sociedad tribal que aún persisten en nuestra psiquis.  A pesar de esto, la extensión, en mayor o menor medida, de los principios del capitalismo ha permitido el avance de la civilización.

El comercio, por siglos fue despreciado por doctrinas políticas y religiosas.  Fue sólo a partir del reconocimiento de los derechos individuales, en donde se reconocía al individuo como un fin en si mismo dentro de una sociedad que, como medio, permitiría la coexistencia pacífica y voluntaria, que el comercio se reconoció, de manera lenta y progresiva, como una forma de intercambio civilizada.

En la trilogía de películas El Padrino, se muestra el esfuerzo (casi siempre infructuoso) que hace Michael Corleone para hacer legítimo el negocio de su familia y sacarlos de la violencia.  Todo acto violento, como el atentado que sufre Vito Corleone o la muerte de Sonny Corleone, ambos ocurridos en la primera parte de la trilogía, son justificados como acciones de negocios.  Lo mismo ocurre en el negocio del narcotráfico, que por ser ilegal, los carteles realizan acciones violentas para poder captar clientes o retener mercados.

En la medida que el capitalismo de laissez faire se deja funcionar, los actores de cualquier sector económico deben modificar sus comportamientos y adaptarlos dentro del proceso de intercambios voluntarios, y por sobre todo, atender las necesidades de los otros.  En el libre mercado son quienes mejor atienden las necesidades del público quienes se terminarán enriqueciendo.  Y cualquier forma violenta de obtener ese resultado (vía engaño, fraude o malas condiciones) será penalizada. Para poder captar clientes o retener mercados tienen que recurrir a medios civilizados, deben persuadir a los consumidores de las bondades de sus productos y servicios para que estos los adquieran.

Algo distinto sucede cuando el mercado no es libre o no hay respeto a los contratos implícitos y explícitos en las transacciones entre actores.  Cuando el gobierno interviene la economía, decidiendo de antemano quienes ganan, hace que las relaciones entre agentes económicas sean violentas y no voluntarias.  Al establecer barreras al comercio y dejar cautivos los mercados internos para pocos empresarios, en su mayor caso ineficientes, se violenta el derecho de cada individuo a utilizar su propiedad y decidir a quien comprar (o no comprar).  Lo mismo sucede al ilegalizar cualquier forma de comercio o establecer precios, los mercados negros afloran, y en esos escenarios cualquier negociación se vuelve incivilizada.

En la medida que se permita el desarrollo libre de los individuos, se incentivará el desarrollo de relaciones voluntarias y civilizadas.  Y de ello depende el crecimiento económico y por ende mayores niveles de bienestar para las sociedades.  Pero para lograr esto se requiere una constante batalla cultural y de ideas que diseminen los principios de la sociedad libre.  A la larga, y cito a mi amigo Guillermo Rodríguez, la humanidad tendrá un futuro de libertad, o simplemente no tendrá futuro.

jueves, 19 de marzo de 2015

El Rugido del Ratón

Las relaciones entre los gobiernos de Venezuela y Estados Unidos nunca han estado más tensas. Ni en aquella ocasión cuando Hugo Chávez, en plena Asamblea General de las Naciones Unidas, se refirió a George W. Bush como el diablo y en su habitual tono irónico/jocoso refería que el podio todavía destilaba el olor a Azufre.  A pesar de esa retórica, el mejor aliado del gobierno de Hugo Chávez siempre fue el gobierno de Bush, ya que Estados Unidos jamás dejó de comprar el petróleo venezolano.  Gracias al incremento de ingresos por venta del petróleo le permitió a Chàvez consolidar sus planes populistas y financiar, dentro y fuera de Latinoamérica, incluso dentro de Estados Unidos, a todo movimiento socialista.

Ya hace casi ocho años que George W. Bush dejó la presidencia y ya dos años que Hugo Chávez murió.  Hoy es Obama quien se sienta en la Casa Blanca (y por suerte hasta 2016), y en Venezuela, Nicolás Maduro mantiene la dirección del régimen socialista (lamentablemente no se sabe hasta cuando).  Obama mas bien había sido blando, tal como habitualmente han sido los demócratas, con regímenes socialistas.  Anibal Romero, en un artículo publicado en el 2012, advertía cómo la oposición política venezolana, dada su indefensión ideológica (y su irrompible vinculación con el socialismo, ya advertía Carlos Rangel que en Venezuela ningún político estaba dispuesto a no pretender ser izquierdista) era incapaz de advertir las analogías (mas no identidades, aunque a veces Obama hace méritos) entre Obama y Chávez, y "se derriten ante los demócratas y olvidan por completo el hecho comprobado de que sólo los republicanos han estado y siguen dispuestos a darle aunque sea una manito a la causa de la libertad en Venezuela".

La evidencia de lavado de dinero, vínculos con el narcotráfico y el terrorismo islámico y la violación de derechos humanos, y la presión ejercida por representantes (republicanos) como Marco Rubio, ha hecho que el gobierno de Obama haya emitido una orden ejecutiva en donde señala a Venezuela como un peligro a su seguridad (no la sanciona, sólo la señala).

La respuesta de esperarse del régimen dirigido por Nicolás Maduro, y de acorde al pensamiento tercermundista/socialista con que este se identifica, fue señalar que el gobierno de Estados Unidos planificaba una invasión militar a Venezuela (porque quiere adueñarse de su petróleo).  Para contrarrestar esto, Maduro solicitó una ley habilitante "antiimperialista", que le da incluso el poder de declarar como traidor (y quien sabe el castigo que les tocará) a aquellos venezolanos que no estén en contra de la medida de la administración Obama (Diosdado Cabello ha dicho que "Venezolano que no defienda la patria es un traidor").  El fin de semana pasado se hicieron ejercicios militares para "demostrar" la capacidad armamentista de Venezuela (y luego sale el sátrapa cubano a decir que Venezuela tiene los mejores militares del continente).   El último episodio de este espectáculo "antiimperialista" fue la declaración de Nicolás Maduro: "Si nos obligan a tomar las armas acabaríamos con los EEUU".

Esta declaración me hizo recordar un artículo que leí en el 2007, publicado en la revista Respekt, escrito por Phillip Dimitrov.  En esa época me encontraba estudiando en República Checa, pero el artículo me lo envió una querida amiga.  Dimitrov recordaba la película "El Rugido del Ratón" de Peter Sellers.  En dicha película, ambientada en la época de la postguerra, los gobernantes y burócratas (todos interpretados por Peter Sellers) de un pequeño y medieval principado le declara la guerra a los Estados Unidos, con el fin de que cuando fueran derrotados, ellos pudieran disfrutar del Plan Marshall y así lograr la reconstrucción del país por parte del magnánimo Tío Sam.

Pero lamentablemente esto no es lo que busca el régimen de Nicolás Maduro.  Primero, y como decía Jean François Revel, el régimen venezolano es "en todas las circunstancias, de oficio, pase lo que pase y se trate de lo que se trate, es antiamericano".  Y aunque Cuba ha iniciado un acercamiento con su ancestral enemigo capitalista, quienes dirigen el régimen venezolano están anclados la idea de revivir el bipolarismo de la guerra fría.  Ya el gobierno de Chávez había buscado alianzas con China, Rusia, Iran e incluso Corea del Norte, bajo el discurso de "buscar un mundo multipolar" pero con la idea fija de intentar establecer un polo de poder, socialista por supuesto, a la hegemonía del capitalismo representada por los Estados Unidos.  El propio Dimitrov lo denunciaba en su artículo (para mi asombro, en esa época) que los tentáculos del régimen chavista habían llegado incluso a financiar a movimientos comunistas en los países de la antigua órbita soviética.

Debería ser motivo de risa las declaraciones de Maduro, pero al contrario, deben ser de preocupación.  UNASUR (foro del idiota latinoamericano fundado a instancias de Chávez) ha solicitado el levantamiento de sanciones contra Venezuela (cuando no ha habido sanciones contra el país, sino una declaración de peligro y congelamiento de bienes a funcionario corruptos del régimen venezolano).  Y de cara a la Cumbre de las Américas, el régimen venezolano buscará presionar más al gobierno de Obama.  Luego de la apertura Cuba-Estados Unidos, y el eventual levantamiento del embargo, pareciera que el régimen venezolano busca un embargo por parte del gobierno de Estados Unidos.

En la película de Peter Sellers, al final, el pequeño país inesperadamente ganó su guerra emprendida en contra de los Estados Unidos.  O fueron los burócratas del Departamento de Estado quienes "aceptaron la derrota".  Quién sabe si el régimen de Maduro termina ganando esa guerra.