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martes, 6 de enero de 2026

20 años de una transformación intelectual

Dicen que cuando uno se pone viejo empieza a recordar continuamente anécdotas y recuerdos de lo vivido.  Quizás es algo que me pasa sobre todo desde que cumplí 50 años y ya mis padres no están conmigo en este plano.

En 2005 había iniciado mis estudios de maestría en el IESA con mucho entusiasmo.  En las primeras semanas de introducción al programa, se llevaba a cabo lo que llamaba "La Experiencia IESA" en donde, entre conferencias y actividades de integración, la escuela nos enseñaba lo que sería nuestro pasar por sus aulas.  Causaba mucho impacto la charla del ya fallecido profesor Asdrubal Baptista, quien con su elegante exposición, nos mostraba parte de su trabajo, en especial una gráfica que impactaba bastante, en donde se mostraba que el stock de capital privado en Venezuela había venido cayendo desde 1958, y en especial desde la nacionalización petrolera.  En mi, este dato causó mucho impacto, por lo que en ese momento decidí que la materia de entorno económico la tomaría con ese profesor.

Con el avanzar del programa, una buena amiga que ya se había graduado, me recomienda que no deje de ver clases con el profesor Hugo Faría.  Cuando tocó el trimestre de la materia Entorno Económico, me puso en disyuntiva de verla con el profesor Baptista o seleccionar a Hugo Faría.  Al final, seguí el consejo de mi amiga, con la idea de intentar tomar luego alguna otra materia con el profesor Baptista.  Me acuerdo que nuestro grupo de clases era pequeño, comparado a los grupos de los otros profesores lo que hizo que la clase fuera un poco más cercana en las discusiones. 



Las clases con Hugo fueron intensas.  Era un profesor exigente, nos daba muchísima información en cada clase.  Su programa lo dividía en dos partes, una parte macro economía pura y dura, modelos, curvas, entender términos de macroeconomía.  Y la segunda parte, economía política, en donde nos ponía a discutir temas de política y nos enfrentaba a autores, que para mi eran completamente desconocidos.

La primera clase recuerdo que Hugo nos dice "en Venezuela no ha habido nunca capitalismo".  Eso causó una duda en mi cabeza. Mi respuesta fue "como que no hay capitalismo si yo como en McDonald's y bebo Coca Cola".  A lo que el profesor va y me explica que para que haya capitalismo no es solo que existan empresas capitalistas sino que deben respetarse los derechos de propiedad, algo que en Venezuela se violaban sistemáticamente, y recordaba que entre 1961 y 1989 las garantías económicas establecidas en la constitución de la República de 1961 habían permanecido suspendidas (algo que yo desconocía completamente).  Esta reflexión me hizo dudar seriamente.

En esa época yo trabajaba en la autoridad tributaria de Venezuela y había sido formado en la idea de que al evasor de impuestos había que perseguirlo y que en nuestro país (si, era un tibio socialdemócrata), dada nuestra cultura rentística, nos habíamos acostumbrado a no pagar impuestos.  Pues ese fue el segundo concepto que Hugo me puso a prueba, y cuando intento discutirle me responde "imagina que los impuestos es lo que le pagas al Estado para que te de servicios; le pagas por educación, y al no dártela tienes que pagar por tu educación, le pagas para que te brinde servicios de salud, y no te los brinda, por lo que tienes que pagar médicos y seguros privados y finalmente, le pagas para que te de seguridad, que si es una función del Estado, y no te la da, por lo que tienes que pagar por vigilancia privada o asegurar tu propiedad, entonces pagas o no impuestos?". Esa argumentación me dejó sin palabras.

Conforme avanzaban las discusiones, Hugo nos da a leer el resumen del famoso libro de Hayek, Camino de Servidumbre (una edición breve en español que había editado el CEES de Guatemala. Para mi fue la primera epifanía intelectual.  No podía entender como alguien podía explicar con tanta claridad y exactitud lo que pasaba en Venezuela.  Desconocía quien era ese señor Hayek, pero leerlo me hizo hacerme muchas preguntas y sobre todo me llevó a comprar el libro, leerlo completo y empezar a descubrir el pensamiento liberal.

Coincidió ese año 2006, que se cumplían 30 años de la edición de libro de Carlos Rangel, Del buen salvaje al buen revolucionario, editado por Cedice (en una de las mejores ediciones que ha tenido ese libro).  Fue mi segunda epifanía. Rangel se había suicidado cuando yo tenía 14 años, y yo no había prestado atención de su obra, más allá que en mi casa se veía todas las mañanas su programa Buenos Días, que conducía con su esposa Sofía Imber.  El libro de Rangel, su obra magna, me puso a cuestionar varias ideas que cimentaban mi pensamiento respecto de Venezuela.  En la misma obra Rangel menciona a Hayek y a Mises, cosa me que hizo conectar con la lectura que había hecho de Hayek.  Luego de estos dos libros mi vida intelecual dio un giro de 180 grados.

A partir de ahí devoré cuanto libro me era posible.  De Hayek salté a Mises (Socialismo, Burocracia, Gobierno Omnipotente), Alberto Benegas Lynch (que luego sería mi profesor), Jesús Huerta de Soto y otros autores. Recuerdo que leyendo a Mises, en 2006 Hugo Chávez anunciaba que crearía un partido socialista unido (PSUV), algo que me aterró, ya que leía en las páginas de estos autores como describían al calco lo que estaba pasando y con el tiempo ha venido pasando en mi malogrado país.

De la mano de Hugo seguí descubriendo otros autores, fue mi tutor de tesis de maestría, que luego llevamos a publicación en una revista arbitrada, y que me tocó exponer, en inglés, ante una audiencia de autores que yo mismo había citado en mi trabajo, una experiencia que agradezco ya que me abrió las puertas al mundo académico y a los círculos liberales.

Gracias a Hugo, y por su recomendación, visité en 2008 por primera vez la Universidad Francisco Marroquín, la casa de la libertad, a un coloquio patrocinado por Liberty Fund, sobre las ideas de Frederic Bastiat, unos de mis autores favoritos y de Hugo también.  Esa experiencia me abrió la puerta a varios coloquios y a ser profesor invitado en esa prestigiosa universidad, casa de estudios que visito al menos una vez al año.

En 2010 tomé la decisión de irme de Venezuela y radicarme en la República Dominicana, país del que acogí su nacionalidad.  En ese periplo realicé mi programa doctoral de la mano de mi recordado Juan Carlos Cachanosky, en donde reforcé y formalicé lo que ya venía estudiando de forma anarquica, pero que asentaron mi formación como economista que sigue la tradición de la Escuela Austríaca de Economía.

Para 2020, fui aceptado como miembro de la Mont Pelerin Society, el foro liberal fundado por Hayek, y que a pesar de todo, sigue siendo un referente de discusión de las ideas que sostienen a la sociedad libre y que son las que hasta hoy considero que son las ideas correctas y que pueden sacar a Venezuela de la grave crisis que vivimos desde hace más de 27 años.

Todo este camino intelectual, que ha marcado mi carrera profesional y académica, y de la que se cumplen ya 20 años, se lo debo a mi maestro, mi mentor, y como le dije recientemente, mi papá intelectual, Hugo Faría.  De Hugo aprendí mucho, pero sobre todo entender el daño que había hecho esa mezcla de mercantilismo y socialismo en los últimos 60 años de vida republicana, el desprecio que hay que sentir por esos empresaurios, que dado su estatus social no son capaces de entrar a robar a nuestras casas y lo hacen vía el Estado a través de protecciones y prebendas, y finalmente el amor por la libertad, un valor indivisible, que no se puede cortar a tajos, y que se debe abrazar plenamente.

Solo tengo que decir una cosa: gracias Hugo.

sábado, 21 de junio de 2025

No son mejores, solo van más lentos

Venezuela vive desde hace 26 años un proceso destructivo sin paralelo en la región.  Su moneda se ha devaluado en porcentajes astronómicos, la economía ha retrocedido a niveles de casi inicios del siglo XX, altos niveles de inseguridad, emigración forzada de más de 7 millones de venezolanos regados por el mundo, y todo esto bajo el manto de una oprobiosa y corrupta tiranía socialista que nunca pensó en abandonar el poder desde que lo obtuvo por votación popular en 1998.

Antes de 1998 Venezuela era el típico país subdesarrollado latinoamericano, pero teníamos una fuente de ingresos que no tenían los otros: el petróleo.  Desde su descubrimiento alrededor de 1920, permitió que el estado, usando su prerrogativa de ser el dueño del subsuelo y sus riquezas (nefasta doctrina heredada desde la época colonial) otorgó concesiones nacionales y extranjeras para la explotación petrolera, y eso le permitió obtener recursos fiscales que a su vez, de alguna u otra manera se fueron viendo reflejados en el progreso de ese país rural en donde apareció el petróleo.

A pesar de que la explotación petrolera generó ingresos importantes, se gestaron ideas de que era insuficiente lo que estas empresas que explotaban ese recurso pagaban al fisco nacional. Y esa idea no solo era dentro del país, también era compartida en buena parte de Latinoamérica y de los países productores de petróleo. Siempre recuerdo una de las tiras de Mafalda quien, al ver a su recién nacido hermano lactando del pecho de su madre, lo equiparaba a una empresa petrolera que extraía recursos de Venezuela.


Estas ideas nos llevaron progresivamente a creer que éramos un país rico solo por el hecho de tener petróleo bajo el subsuelo, y desde 1942 a progresivamente ir estatizando la actividad petrolera. Alrededor de 1943 con la promulgación de la legislación de hidrocarburos del momento se estableció la repartición igualitaria de los ingresos de la explotación de la actividad (el recordado fifty-fifty), más no de los costos de la operación. Luego, durante el gobierno de Rómulo Betancourt, con su política de “no más concesiones” le ponía un horizonte de 20 años a la terminación de las concesiones vigentes en la época. Esta medida hizo que las empresas concesionarias dejaran de invertir en capital, ya que, y basados en la experiencia de las nacionalizaciones en otros países productores de petróleo, podían esperar que no se renovaran las concesiones. La respuesta del gobierno Caldera I fue la promulgación de varias leyes para intentar revertir la desinversión en el sector petrolero y estatizar actividades como la explotación del gas y la comercialización de los derivados de hidrocarburos, y en paralelo el aumento del impuesto sobre la renta a la actividad petrolera.  Todo esto representaba mayores ingresos para el Estado venezolano.

Este afán estatista llegó a su clímax entre 1974 y 1975 con la elección de Carlos Andrés Pérez a la presidencia, quien en sus promesas de campaña incluía la “nacionalización” de la principal riqueza nacional.  Entre esos años fueron estatizadas las industrias del hierro y el petróleo.  Coincidió esos años con un conflicto en el medio oriente que hizo que los precios del petróleo se incrementaran casi 400%. Con una industria estatizada, para el gobierno del momento fue como ganarse la lotería. Y se comportó como tal. El gasto público se incrementó de manera abrupta, creando la ilusión de que por fin se había logrado la riqueza y el desarrollo. Y era difícil decir que no creer que era así, la clase media sentía que lo lograba todo y llegamos a ciertos niveles de locura, de gasto desenfrenado (en USA nos llamaban los “ta’barato”).

Esa riqueza, tal como la miel, atrajo a muchos emigrantes e hizo que nuestros vecinos de Latinoamérica nos vieran con cierta envidia y reconcomio. Los mismos sentimientos que bien describe Carlos Rangel en su obra magna Del buen salvaje al buen revolucionario, que en general sentimos los latinoamericanos respecto de los Estados Unidos en donde nos parece insoportable que en el mismo tiempo histórico ellos hayan alcanzado el desarrollo y nosotros no.

Obviando ese detalle, Venezuela fue un país diferente a otros de Latinoamérica en ciertos aspectos sociales, y eso lo he aprendido en mis años viajando a lo largo del continente.  Nuestra sociedad tenía mucha más movilidad social que otras, había mucha más apertura al inmigrante y, a pesar del estatismo, la clase media se hizo importante en la generación de riqueza, con todo y las taras compartidas.  

Respecto de la inmigración hay que hacer un apartado. En Venezuela hubo dos procesos migratorios importantes, el primero alrededor de 1950, que abrió las puertas a exiliados europeos de la segunda guerra mundial. Ese proceso migratorio fue un proceso de asentamiento (siguiendo las ideas de Acemoglu y Robinson), lo que hizo que esos “musiues” (portugueses, italianos, españoles, entre otros) se integraran en la sociedad, integraran su cultura y se sintieran parte de ese país que les abrió las puertas. El segundo proceso migratorio coincidió con el boom petrolero, y ese fue de tipo extractivo. Vinieron en ese proceso inmigrantes que lo que querían era aprovechar la riqueza que veían en Venezuela y que no había en sus países, solo venían de paso mientras lograban extraer riquezas. Y digo de paso, porque podía ser que Venezuela les abriera las puertas a otro destino (USA o Europa, principalmente) o luego de sentir que había logrado cierto bienestar, en menor medida, poder regresar a su país. Estos inmigrantes, mayormente latinoamericanos, también se mezclaron y trajeron con ellos también sus taras y resentimientos.

Hoy que a los venezolanos nos ha tocado emigrar de manera forzosa, por las causas descritas previamente, nos sorprende que tanto gobiernos como la ciudadanía de nuestros vecinos (y “hermanos”) latinoamericanos nos rechazan, discriminan y dificultan la estadía en sus países.  Ante todo, no quiero exculpar a muchos de mis compatriotas con malos comportamientos, que creen que tienen derecho de exigir cosas a estos otros países. 

Pero ¿por qué los gobiernos pondrían las cosas difíciles? Recuerden que el primer producto de exportación de muchos países de Latinoamérica son personas. La mayoría de estos países viven de las remesas que envían sus emigrados desde países desarrollados. Y eso complace a las élites económicas y políticas (aunque sea políticamente incorrecto admitirlo). Entonces, porque admitir a unos inmigrantes que van a venir a competir con nuestros ciudadanos y de paso, van a extraer remesas (nos gusta recibir, pero no que envíen, pero eso de las remesas lo discutiremos en otro artículo).

Y los ciudadanos? No se acuerdan cuando sus países vivían en crisis o bajo dictaduras y Venezuela les abrió las puertas. Pues no. Y no se quieren acordar, porque el rechazo a los venezolanos es la respuesta del envidioso de alegrarse de que quien envidiaba ahora perdió los atributos que causaban su envidia. Es el revanchismo de recordar que “ayer Uds eran ricos y ahora son pobres, y eso me complace”. Y este reconcomio llega a restregarnos en la cara que hemos sido incapaces de derrocar a la tiranía que nos mantiene en la miseria. Y esto pasa, con ciertos matices, en cualquier país del vecindario (mayormente en aquellos que en la época de bonanza venezolana eran más pobres). Y aunque hay gente que amablemente nos ha abierto las puertas de sus casas y vecindarios, siempre está el reconcomio (a mi mismo me han mandado de vuelta a mi país o me han recriminado de haber huido como refugiado, a pesar de ya tener la nacionalidad del país que me recibió y en muchos casos pagar más impuestos que quienes me han señalado)

Un buen amigo publica en su facebook una noticia terrible que en Chile asesinan a una venezolana dentro de su propiedad por tener la música alta. Y lo peor de la noticia es notar que en la mayoría de medios dentro comunicación de ese país del sur vienen sistemáticamente deshumanizando a la migración venezolana.  Y ese proceso de deshumanización está asentado en ese sentimiento de creerse superiores ahora que los venezolanos ya no tienen su antigua riqueza.



Este amigo cierra bien su reseña con una reflexión que aplica a todos aquellos países de la región en donde aflora ese resentimiento anti venezolano: no se crean mejores ni diferentes, solo van más lentos en el camino de su destrucción. Las taras latinoamericanas son las mismas, y siempre afloran, y tarde o temprano los alcanzarán. En el panorama actual, solo parece que Argentina está empezando a desandar ese camino autodestructivo, pero apenas está dando la vuelta.

Solo pido que este tiempo oscuro nos haga aprender a los venezolanos muchas cosas, pero entre ellas debemos tener dos muy claras: una vez recuperada nuestra libertad jamás hay que volver por la senda del socialismo y la inmigración con fines extractivos hay que limitarla.

Amanecerá y veremos

domingo, 14 de julio de 2024

Porque no me gusta el fútbol y porque no tengo fe

Pero el fútbol despierta las peores pasiones, despierta sobre todo lo que es peor en estos tiempos, que es el nacionalismo referido al deporte. Porque la gente cree que va a ver un espectáculo, pero no es así. La gente va a ver quién va a ganar.

Jorge Luis Borges

El fútbol es un deporte que despierta pasiones. En lo personal no es un deporte que me guste particularmente ni sigo constantemente.

El único evento futbolístico que siempre le di algo de seguimiento han sido los mundiales de fútbol.  El primero que vi fue España 82, y el equipo que me enamoró fue la selección de Brasil.  En aquella época no veía el tinte nacionalista que revertía seguir a una selección nacional de fútbol, para mi era sólo un equipo.  En 1990 sentí por primera vez el tema nacionalista, cuando en el mundial del momento, compañeros de colegio, descendientes de italianos, se burlaban porque en ese momento uno apoyaba a la selección de Argentina (con Maradona en su plantilla y su recordado "hijos de p..." cuando en el stadium pitaban el himno argentino) y llegué a oir el impromerio "ustedes (venezolanos) ni siquiera tienen selección en el mundial".  

Celebré en 1994 cuando la selección de Brasil logró el triunfo en penales ante Italia.  En esa oportunidad cuando le preguntaron a Ronaldo sobre las celebraciones en Venezuela (en varias ciudades se vieron caravanas de color amarillo y verde, como cualquier ciudad de Brasil), a lo que este respondió algo como que los venezolanos no tenían porqué celebrar ese triunfo. Todo un balde de agua nacionalista.

Con los años fui disminuyendo el seguimiendo a la selección de fútbol de Brasil.  Recuerdo que en una discusión con un compañero de trabajo, cerca del mundial de Francia 1998, este me increpaba sobre si yo creía que Brasil era mejor país que Venezuela por apoyar a su selección de fútbol, algo que me parecía una insensatez, yo solo disfrutaba el buen juego que hacía esa selección, para mi no tenía nada que ver con un sentimiento nacionalista.

Pero ahí el problema del fútbol, en especial las competencias de países (Mundial, Copa América, Eurocopa, etc.).  Además de ser parte del cloroformo social que adormece y distrae a la gente de las cosas importantes, estas competencias despiertan un colectivismo nacionalista que, y tal como pensaba Jorge Luis Borges, me parece deleznable.

A todo esto, la selección de fútbol de Venezuela siempre ha tenido un muy bajo nivel.  Competimos en la Conmebol, una de las regiones de fútbol más competitivas, y eso ha relegado a la selección a que nunca se haya podido clasificar a un Mundial.  Incluso en años donde había buena oportunidad ya que, o no competían Brasil o Argentina, o porque se habían ampliado los cupos, el bajo nivel de juego de la selección hacía perder oportunidades de juegos con selecciones comparables y al final no se lograba clasificar.

Al parecer en esta eliminatoria para el Mundial de Fútbol de 2026 hay mejor chance. Para la Conmebol hay 6.5 cupos para el Mundial, lo que abre la oportunidad a que no sólo los equipos grandes puedan clasificar.  Adicionalmente, el desempeño de la selección de Venezuela ha sido un poco superior a lo acostumbrado.  De ahí que empezó toda una campaña con un slogan esperanzador "Mano, tengo fe".

Entiendo que, luego de más de 25 años de la actual tragedia socialista que padece Venezuela (y que lamentablemente no tiene fin en el corto plazo, soy pesimista), la actuación de la selección de fútbol (la llamada vinotinto) en la actual Copa América ha insuflado ciertas esperanzas dentro de la población venezolana dentro y fuera del país.  Esperanzas vinculadas a dos cosas: 1) la posibilidad de que la selección clasifique al Mundial y 2) la necesidad extrema de tener algo positivo dentro de los malos tiempos que nos ha tocado vivir. 

Sería mezquino de mi parte no reconocer que el nivel de juego de la selección de Venezuela ha mejorado mucho, pero también sería una insensatez pensar, como muchos creían, que en la actual Copa América podían llegar a jugar la final o en algunos casos, llegar a ser campeón. Lo mismo aplica para las eliminatorias al mundial, hay mejores chances, pero tampoco hay que creerse que será fácil, mas allá del mal momento que puedan vivir selecciones fuertes como Brasil.

En pleno juego de cuartos de final, a Venezuela le tocó jugar contra Canadá. Sintonicé tarde el juego, y cuando empiezo a verlo, ya veo que perdía 1-0, a lo que comenté en mis redes "La vinotinto: jugando como nunca, perdiendo como siempre".  Algo que sirvió para que yo fuera objeto de críticas y de improperios por "no tener fe".

Y ahí está mi posición. Para mi el fútbol es un juego. Gane o pierda el equipo al que apoye, no cambiará mi bienestar, ni mejorará Venezuela. Por esas cosas es que no me gusta el tufo nacionalista de las competiciones internacionales de fútbol. Y por eso no tengo fe.

Amanecerá y veremos.

domingo, 1 de marzo de 2020

Lo siento amigos liberales, el socialismo si funciona

En este 2020 se cumplen ya 100 años del artículo seminal de Ludwig von Mises "El cálculo económico en el sistema socialista".  En dicho artículo, el economista autríaco describe el problema económico del socialismo en donde, al no haber precios que reflejen la escasez relativa de los bienes, es imposible realizar la contabilidad de costos que es la base del cálculo económico de una economía, y por lo tanto el sistema socialista colapsaría.  Dos años después, el mismo Mises escribiría su libro Socialismo, en donde desarrolla no sólo el análisis económico sino también sociológico del socialismo.  Fue tan influyente este libro, que hizo que afamados liberales como Friedrich Hayek abandonaran sus iniciales posiciones en favor del socialismo.

Desde la trinchera austríaca y liberal, se advirtió de distintas maneras que el socialismo no funcionaba.  Primero Mises en los 20, y luego, al finalizar la Segunda Guerra Mundial fue Hayek, en especial con su libro "Camino de Servidumbre", en donde advertía que el llamado socialismo democrático, que estaba muy en boga en la época de la postguerra, tenía un destino muy parecido a su hermano de corte revolucionario, de llegar a ser totalitario.  Por plantear esa tesis, Hayek fue muy criticado y hasta denostado del mundo académico, aunque el tiempo le está dando la razón.

Otro que advirtió lo peligroso del socialismo, aunque en el fondo era un socialdemócrata convencido, fue George Orwell.  En su famoso cuento "Rebelión en la Granja", haciendo una fábula con los animales, describía de forma genial lo que terminaría siendo el socialismo (o animalismo, como lo llamaba en su libro): un sistema en donde una casta tomaba el poder en nombre de la igualdad y aplastaba de forma total al resto de la sociedad.  Se resume en la frase final del cuento "todos los animales son iguales, pero hay unos animales más iguales que otros".

Hemos pasado el siglo XX viendo los desmanes del socialismo, que dondequiera se instaló, generó miserias y sociedades con gobiernos totalitarios.  Y el socialismo siempre es totalitario, sin importar que quien lo intente implementar haya sido electo democráticamente.  E iniciamos el siglo XXI con Venezuela llevada a la miseria por un gobierno socialista electo democráticamente, y ahora España con un gobierno social-comunista que ya empieza a dar los mismos pasos del totalitarismo.

Si bien Marx, el gran teórico del socialismo, prometía en sus escritos que, una vez superado el capitalismo, el socialismo traería la sobre abundancia en la tierra y ya "el obrero" no tendría que enfrentarse a las necesidades odiosas que "imponía" el capitalismo.  Sus ejecutores decían lo mismo, que lograrían mejores niveles de vida que el capitalismo. Ninguno lo logró.

Y he ahí el error de óptica de quienes criticamos al socialismo.  Es completamente cierto que el socialismo ha sido un fracaso al intentar superar al capitalismo en generar bienestar material y libertades a los ciudadanos de las sociedades donde se ha implantado por completo.  Ni siquiera en aquellas sociedades donde ha prevalecido la versión democrática, han generado bienestar sin tener que recurrir a dejar funcionar al capitalismo en sus economías.

El objetivo de los políticos socialistas siempre es el mismo: obtener el poder para, en el pasado, reconstruir, y en el presente, destruir y moldear a la sociedad según su antojo.  Para lograr estos dos objetivos es necesario el poder total.  Y ese poder total también requiere que los jerarcas socialistas se conviertan en una casta que controlen todo, en especial, el poder económico.

Preguntémosle a Fidel Castro, a Hugo Chávez, a Nicolás Maduro, a Diosdado Cabello, a Daniel Ortega, a Cristina Kichner, a José Luis Rodríguez Zapatero, a Michelle Bachelet y a cuanto otro pillo socialista si el socialismo no funciona.  Para ellos ha funcionado muy bien.  Han tenido o tienen el poder político en los paises a quienes esclavizan.  Cuando no están en el poder, son parte de la élite mundial que lleva, a paso firme, la agenda globalista en pos de la imposición de un gobierno mundial.  Y todos ellos, son multimillonarios sin haber trabajado un sólo día de sus vidas, como lo hacen millones de personas alrededor del mundo para generar riqueza, la misma riqueza que el socialismo siempre busca expoliar y destruir.

Pues si amigos, el socialismo si funciona, pero no para el ciudadano de a pie.  Pero a esas élites, no les importa.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Leopoldo López: sentimientos encontrados

A final de la semana pasada, después de varios aplazamientos y dilaciones innecesarias (violando principios de debido proceso y rapidez de justicia) le fue dictada sentencia condenatoria a Leopoldo López.  Haciéndose valer de "pruebas" amañadas, la jueza condenó a López, quién ya tenía varios meses preso, a un período en prisión 13 años y un poco más.

A todas luces hay que rechazar el uso abusivo del sistema judicial que ha hecho el régimen socialista venezolano.  Pero hay que recordar que, desde siempre, los socialistas han usado y abusado de la ley y del control del sistema legal. En la versión nacionalista del socialismo (el nazismo), la ejecución de millones de personas por su raza (judíos) era totalmente legal y avalado por los tribunales.  Llegaban a la locura de juzgar a las personas por siquiera oponerse a los dictámenes del Fuhrer.  Sus hermanos comunistas no se quedaban atrás.  Durante la época de Lenin, y luego durante Stalin, la ejecución de juicios sumarios en donde condenaban a millones de personas a la muerte (rápida por ejecución o lenta en los campos de concentración). En el Caribe, los socialistas antillanos (llamados castristas) también aplicaron juicios sumarios a todos sus adversarios, y hasta a antiguos revolucionarios que en algún momento se opusieron al rumbo de la revolución (como Huber Matos quien pasó casi 20 años en prisión) o que le podían hacer sombra al gran líder (como Arnaldo Ochoa, "héroe" de guerra, fusilado luego de un juicio sumario por participación en el narcotráfico).

Me ha sorprendido la ingenuidad con la que muchos venezolanos han recibido la noticia condenatoria, y yo pregunto: ¿esperaban algo distinto? ¿una condena de menos años hubiese sido recibida como un "peor es nada"?. O acaso ¿esperaban que un poder judicial controlado por el gobierno emitira una absolución a López?.  Que está de más decirlo, esa era la única sentencia aceptable.

Se lo difícil que es estar preso.  Yo mismo estuve preso, por un corto tiempo, en la misma cárcel en la que esta hoy Leopoldo López.  Para uno como persona es muy duro. Imagino que además de la privación de libertad, los militares que custodian el centro penitenciario de Ramo Verde deben hacerle la vida imposible a López, y tal como buenos socialistas deben aplicar maltrato físico y psicológico para hacerle ver "su error" a López de oponerse al socialismo.  Para los familiares también es muy difícil.  No quiero imaginar el sentimiento de impotencia y dolor que deben sufrir los padres de López, lo mismo que su esposa.

Pero he de decir que esta situación de López me ha causado conflictos al intentar entenderla.  En primer lugar, no entendí nunca la estrategia de López de entregarse al régimen y sus tribunales.  Al entregarse renunciaba a la presunción de inocencia que todo ciudadano debe tener, y al someterse al sistema judicial chavista, manda el mensaje interno y externo, que estamos ante un sistema judicial independiente y transparente.  No me pasa por la mente pensar en que Rómulo Betancourt se hubiese entregado voluntariamente al régimen de Marcos Pérez Jiménez, para "hacer más fácil" la lucha contra el régimen.

En segundo lugar, no he podido soportar el peregrinar de la esposa de López a través de distintos medios y organismos internacionales, apelando a la lástima del sufrimiento que debe vivir.  Peregrinar que no ha servido de nada, ya que los organismos internacionales ni los gobiernos de otros países harán nada en contra del régimen socialista venezolano.  Ha llegado a la insensatez de apelar al mito del populista bueno (Chávez) que está siendo traicionado por el populista malo (Maduro), haciendo dejar ver que el populista bueno había dejado "un legado positivo".  Nada mas lejos de la realidad.

Lo que estamos viviendo en la actualidad en Venezuela iba a suceder con o sin Chávez.  Quizás el carisma de Chávez (del cual carece Maduro) hubiese podido ocultar un poco el desastre, pero esto era inevitable. El deterioro de la economía es el resultado de la aplicación del socialismo.  A medida que avanza el deterioro económico el gobierno aplicará más control político y le servirá para entronizarse aún más en el poder. Y este es el auténtico legado de Chávez.

En tercer lugar, el continuo llamado de López y sus familiares a ir a votar el 6D (fecha de las próximas elecciones parlamentarias) sigue mandando un mensaje inconsistente.  En Venezuela no tenemos un gobierno democrático que, en caso de perder las elecciones, entregará el poder.  En estos 15 años de socialismo chavista, quienes gobiernan han demostrado que por ninguna razón dejarán el poder, y se han valido de todos los medios posibles, legales o ilegales.  Han asentado una auténtica casta (usando el adjetivo utilizado por Pablo Iglesias, pupilo español del chavismo), y como casta consideran que el sitio y poder que hoy ostentan les corresponde por derecho (¿divino?) y por lo tanto no lo dejarán.  El engaño electorero ha llegado al paroxismo de que dirigentes de la coalición socialista de oposición (MUD) han dicho que en caso de ganar la mayoría parlamentaria liberarían a Leopoldo López (dejando ver que tampoco tienen el más mínimo respeto por la independencia del poder judicial).

Tengo que confesar que Leopoldo López no es santo de mi devoción.  Heredero del status quo adeco-copeyano (su papá fue presidente de Fundayacucho en ambos períodos de gobierno de Carlos Andrés Pérez).  Utilizó sus contactos e influencia para obtener un aporte monetario de PDVSA  para su ONG (y luego partido político) Primero Justicia (caso de corrupción que luego se aprovechó el chavismo para inhabilitarlo políticamente).  Luego que se separa de Primero Justicia, funda su partido Volundad Popular, otro partido que pretende implantar el socialismo en Venezuela, pero de forma democrática (y miembro pleno de la Internacional Socialista).

A pesar de mi posición política contraria a López y de esos hechos de su accionar político que ponen en duda su integridad, igualmente rechazo la condena aplicada.  Más aún cuando a los asesinos de la actriz Mónica Spear los condenaron a 5 años de prisión. Rechazo la sentencia porque es una muestra de uso abusivo del poder judicial y de las leyes.  Rechazo la sentencia porque es el accionar tradicional del socialismo en la justicia.

Ojalá esos 13 años no se cumplan y podamos salir del socialismo en Venezuela.

jueves, 19 de marzo de 2015

El Rugido del Ratón

Las relaciones entre los gobiernos de Venezuela y Estados Unidos nunca han estado más tensas. Ni en aquella ocasión cuando Hugo Chávez, en plena Asamblea General de las Naciones Unidas, se refirió a George W. Bush como el diablo y en su habitual tono irónico/jocoso refería que el podio todavía destilaba el olor a Azufre.  A pesar de esa retórica, el mejor aliado del gobierno de Hugo Chávez siempre fue el gobierno de Bush, ya que Estados Unidos jamás dejó de comprar el petróleo venezolano.  Gracias al incremento de ingresos por venta del petróleo le permitió a Chàvez consolidar sus planes populistas y financiar, dentro y fuera de Latinoamérica, incluso dentro de Estados Unidos, a todo movimiento socialista.

Ya hace casi ocho años que George W. Bush dejó la presidencia y ya dos años que Hugo Chávez murió.  Hoy es Obama quien se sienta en la Casa Blanca (y por suerte hasta 2016), y en Venezuela, Nicolás Maduro mantiene la dirección del régimen socialista (lamentablemente no se sabe hasta cuando).  Obama mas bien había sido blando, tal como habitualmente han sido los demócratas, con regímenes socialistas.  Anibal Romero, en un artículo publicado en el 2012, advertía cómo la oposición política venezolana, dada su indefensión ideológica (y su irrompible vinculación con el socialismo, ya advertía Carlos Rangel que en Venezuela ningún político estaba dispuesto a no pretender ser izquierdista) era incapaz de advertir las analogías (mas no identidades, aunque a veces Obama hace méritos) entre Obama y Chávez, y "se derriten ante los demócratas y olvidan por completo el hecho comprobado de que sólo los republicanos han estado y siguen dispuestos a darle aunque sea una manito a la causa de la libertad en Venezuela".

La evidencia de lavado de dinero, vínculos con el narcotráfico y el terrorismo islámico y la violación de derechos humanos, y la presión ejercida por representantes (republicanos) como Marco Rubio, ha hecho que el gobierno de Obama haya emitido una orden ejecutiva en donde señala a Venezuela como un peligro a su seguridad (no la sanciona, sólo la señala).

La respuesta de esperarse del régimen dirigido por Nicolás Maduro, y de acorde al pensamiento tercermundista/socialista con que este se identifica, fue señalar que el gobierno de Estados Unidos planificaba una invasión militar a Venezuela (porque quiere adueñarse de su petróleo).  Para contrarrestar esto, Maduro solicitó una ley habilitante "antiimperialista", que le da incluso el poder de declarar como traidor (y quien sabe el castigo que les tocará) a aquellos venezolanos que no estén en contra de la medida de la administración Obama (Diosdado Cabello ha dicho que "Venezolano que no defienda la patria es un traidor").  El fin de semana pasado se hicieron ejercicios militares para "demostrar" la capacidad armamentista de Venezuela (y luego sale el sátrapa cubano a decir que Venezuela tiene los mejores militares del continente).   El último episodio de este espectáculo "antiimperialista" fue la declaración de Nicolás Maduro: "Si nos obligan a tomar las armas acabaríamos con los EEUU".

Esta declaración me hizo recordar un artículo que leí en el 2007, publicado en la revista Respekt, escrito por Phillip Dimitrov.  En esa época me encontraba estudiando en República Checa, pero el artículo me lo envió una querida amiga.  Dimitrov recordaba la película "El Rugido del Ratón" de Peter Sellers.  En dicha película, ambientada en la época de la postguerra, los gobernantes y burócratas (todos interpretados por Peter Sellers) de un pequeño y medieval principado le declara la guerra a los Estados Unidos, con el fin de que cuando fueran derrotados, ellos pudieran disfrutar del Plan Marshall y así lograr la reconstrucción del país por parte del magnánimo Tío Sam.

Pero lamentablemente esto no es lo que busca el régimen de Nicolás Maduro.  Primero, y como decía Jean François Revel, el régimen venezolano es "en todas las circunstancias, de oficio, pase lo que pase y se trate de lo que se trate, es antiamericano".  Y aunque Cuba ha iniciado un acercamiento con su ancestral enemigo capitalista, quienes dirigen el régimen venezolano están anclados la idea de revivir el bipolarismo de la guerra fría.  Ya el gobierno de Chávez había buscado alianzas con China, Rusia, Iran e incluso Corea del Norte, bajo el discurso de "buscar un mundo multipolar" pero con la idea fija de intentar establecer un polo de poder, socialista por supuesto, a la hegemonía del capitalismo representada por los Estados Unidos.  El propio Dimitrov lo denunciaba en su artículo (para mi asombro, en esa época) que los tentáculos del régimen chavista habían llegado incluso a financiar a movimientos comunistas en los países de la antigua órbita soviética.

Debería ser motivo de risa las declaraciones de Maduro, pero al contrario, deben ser de preocupación.  UNASUR (foro del idiota latinoamericano fundado a instancias de Chávez) ha solicitado el levantamiento de sanciones contra Venezuela (cuando no ha habido sanciones contra el país, sino una declaración de peligro y congelamiento de bienes a funcionario corruptos del régimen venezolano).  Y de cara a la Cumbre de las Américas, el régimen venezolano buscará presionar más al gobierno de Obama.  Luego de la apertura Cuba-Estados Unidos, y el eventual levantamiento del embargo, pareciera que el régimen venezolano busca un embargo por parte del gobierno de Estados Unidos.

En la película de Peter Sellers, al final, el pequeño país inesperadamente ganó su guerra emprendida en contra de los Estados Unidos.  O fueron los burócratas del Departamento de Estado quienes "aceptaron la derrota".  Quién sabe si el régimen de Maduro termina ganando esa guerra.

domingo, 25 de enero de 2015

Carta Abierta a la UNITEC

Esta carta la dirijo a autoridades, profesores y estudiantes y todos aquellos que hacen vida en mi alma mater, la Universidad Tecnológica del Centro.

Entré en contacto por primera vez con la UNITEC en 1989 en mi natal Maracay, cuando tomando un curso de inglés, a mitad del nivel una chica se tuvo que retirar porque nunca podía llegar a tiempo ya que la universidad donde estudiaba era muy exigente y los horarios eran de todo el día.  Ya en 1990, cuando con 16 años hice mi curso introductorio fue mi contacto directo.  Fueron cuatro semanas de locura, que empezaron con una clase magistral en el salón de fiestas del C C Shopping Center dictada por mi recordada Corina Ettedgui de Betancourt y por el rector César Peña Vigas.

Entre 1990 y 1995 hice mi vida de estudiante.  Fui durante 4 años preparador del curso introductorio, una oportunidad brindada a los estudiantes para, por un mes, dirigir el ingreso de los nuevos estudiantes, y donde se aprendía a gerenciar y a dirigir y sobre todo a ser "empresario de su propio aprendizaje".  En la faceta de estudiante era duro, clases todos los días y los viernes dedicado a Proyectos Institucionales (la punta de lanza del modelo UNITEC).  Pero más allá de la enseñanza formal recibida, lo que más aprendí en la UNITEC fue la búsqueda de la excelencia, el trabajo en equipo (sobre todo con gente que no era de mi carrera, muy importante para la vida laboral) y el interés por la verdad.

Me alejé de la universidad luego de graduarme ya que, por razones de trabajo, me había mudado de la región Maracay-Valencia.  Después de 13 años volví a vincularme como profesor y desde 2008 dicto varias materias.  Al volver a la UNITEC encontré muchos cambios, internos y externos.  Lamentablemente en 2007 había fallecido Corina Ettedgui.  El modelo de proyectos y curso introductorio había sido cambiado.  Las regulaciones estatales ya estaban siendo impuestas, empezando por la imposición legal de obligar a los estudiantes a esclavizarse en un servicio comunitario para poder graduarse. 

Y he ahí la principal motivación de mi carta.  En estos días, a través de las redes sociales de la UNITEC encuentro el siguiente mensaje: "Si no has realizado tu Servicio Comunitario no podrás hacer tu taller de Práctica Profesional".  Mi primera respuesta fue protestar a través de la red social ya que no es justificable desde ningún punto de vista que se le pongan prelaciones adicionales a los estudiantes para obligarlos a cumplir el servicio comunitario.  Escribía Frederic Bastiat en su famoso escrito La Ley que “Cuando la ley y la moral se contradicen, el ciudadano se encuentra ante la cruel alternativa de perder la noción de moral o perder el respeto a la ley”, y aunque es difícil debatirse entre estas dos posiciones, pienso que hay que hacer lo posible por no perder la moral dentro de lo que se pueda dentro del cumplimiento de la ley, aunque esta segunda sea inmoral.

El servicio comunitario estudiantil es una práctica inmoral
.  Por más que sus promotores la pinten de beneficiosa ya que "estimula la conciencia social de los estudiantes", obligar a estos, a punta de pistola, a "devolverle a la sociedad" es un chantaje.  Uso la palabra esclavizar ya que se les obliga coaccionados a que dediquen su tiempo en actividades que, quizás, libremente no lo harían.  Uso la palabra chantaje ya que el servicio comunitario se basa en la idea de que los estudiantes deben "hacer algo por la comunidad" como si sólo el simple hecho de estudiar y generar riqueza con los conocimientos adquiridos no es un aporte suficiente a la sociedad, o la mas absurda de "devolverle a la sociedad", que implica que haber tenido la posibilidad de estudiar fue a costa de quitarle a la sociedad, nada más absurdo.

Pero además educar a un individuo para después pedirle qué trabaje de gratis, una vez que esta más calificado, es como diríamos coloquialmente "engordar un cochino para diciembre", en último caso debería exigirse el trabajo gratuito a los qué ingresan no a los qué salen porqué entonces ¿donde esta la benevolencia de la institución? de hecho esto revela un poco porque la sociedad está dispuesta a invertir en  educación, la sociedad entiende el beneficio colectivo de los profesionales universitarios, de hecho mientras avanzado el estudio, existe mayor facilidad financiamiento, por la misma razón.

Es claro que el valor detrás del servicio comunitario es la envidia: como tuviste el privilegio de acceder a una educación superior debes, además de los impuestos, trabajar de gratis para los pobres, esto se evidencia al no reconocer las actividades de investigación y de extensión, que ya de suyo realiza la universidad como servicio comunitario, no! tiene que ser en el barrio, tiene que ser con los pobres, si no, no sirve.

En lo personal creo que la labor de uno como profesor no es sólo transmitir conocimientos técnicos.  Uno debe transmitir valores y enseñanzas que hagan de esos profesionales en formación mejores personas.  En un momento de crisis moral y económica que vive Venezuela, el valor más importante que se debe transmitir (y lo intento en cada una de mis clases) es el de la libertad individual y la responsabilidad.  La crisis actual de Venezuela es producto de haber abandonado esos valores y esperar que "el Estado" o "la Sociedad" se encargue o nos de todo, y peor aún, creer que el colectivo está por encima del individuo.  Si queremos que el país cambie, debemos revisar nuestros valores y reconstruir sobre los que se pueda.  Y el papel de la universidad es clave en este proceso de reconstrucción.  Si se quiere estimular en los estudiantes la necesidad de preocuparse por los ciudadanos menos favorecidos, es a través de fomentar la caridad voluntaria, no a través de obligarlos esclavizándolos.

Conmino a las autoridades de la universidad a hacerle más fácil a los estudiantes las absurdas regulaciones que impone un leviatán que cada vez más irá asfixiando a la educación paga (y no digo privada porque hace tiempo que ha dejado de serlo) hasta acabar con ella, ya que representa el último escollo de libertad educativa que no pueden controlar.  Por lo tanto pido a las autoridades que se elimine cualquier prelación relacionada con el servicio comunitario.  Igualmente, conmino a los estudiantes a exigir que se eliminen estas prelaciones.  El servicio comunitario no es una materia mas, es una imposición externa a un acuerdo contractual, y por sobre todo es una imposición inmoral.

Ing. Osmel Brito-Bigott, PhD(c)
Profesor Agregado

domingo, 4 de enero de 2015

Por qué critico tanto a las Universidades Autónomas

Un amigo publica recientemente en su timeline de Facebook una noticia sobre una nueva resolución del CNU de rebajar los criterios de admisión a las universidades, en especial la importancia que se le da a las notas acumuladas durante los estudios de bachillerato, y colocando un énfasis mayor en la "situación socio-económica" del estudiante (es decir, mientras más pobre mayor mérito para poder optar por un cupo). De por si, la noticia causaba rechazo en mi ya que es una nueva estocada del socialismo en el poder para destruir las nociones de mérito (relación esfuerzo-recompensa) que debe haber en toda sociedad.  Cometí el error de suponer y comentar que la decisión habría sido impulsada por los rectores de las universidades autónomas, quienes en el pasado controlaban el CNU. Desconocía que la última reforma de la Ley de Universidades impulsada por el gobierno, había cambiado la conformación del CNU y les había otorgado igualdad de puestos a los rectores de todas las universidades autónomas, experimentales y privadas, con la intención por supuesto de controlar esa instancia a través de las universidades plenamente controladas por el gobierno. De la noticia, sorpresivamente fueron los rectores de las 5 universidades autónomas y el de la Unimet (única privada) quienes salvaron el voto ante la propuesta de rebajar los criterios de admisión.

Una persona que respondió a mi comentario me señalaba de querer desprestigiar a toda costa a las universidades autónomas, incluso acusándome de ligar odio y envidia a mi crítica.  Desde hace ya algunos años vengo criticando el papel de estas universidades (no exclusivamente) en el masivo adoctrinamiento que ha habido en Venezuela en favor del socialismo.  Pero en un país como el nuestro, quien osa meterse con esos totems sagrados se ve expuesto a ataques de todo tipo.

Tengo que aclarar que para mi nunca fue opción estudiar en las universidades autónomas, a diferencia de mis padres y mi hermana que si estudiaron y egresaron de la Universidad de Carabobo.  A pesar de haberme graduado de bachillerato con un alto índice que me permitía optar a la carrera que yo quisiera (en esa época, la única carrera que exigía un mayor índice académico que el mío era Ingenieria de Sistemas en la ULA, con 82 puntos, mientras yo tenía un índice de 78,22), para mi nunca fueron una opción a evaluar, ni por las carreras y mucho menos por los eternos cuentos de pérdida de tiempo para poder graduarse.  Finalmente estudié en una universidad privada, de la cual hoy soy docente, me siento orgulloso de mi alma mater, pero cuando hay que criticarla, lo hago.  

Nunca he entendido el amor casi chovinista que tienen los egresados de las universidades autónomas (en especial los de la UCV, algunos me han dicho que no lo entiendo porque nunca estudié ahí) por sus casas de estudio. Y es un amor hasta cierto punto hipócrita (como muchas de nuestras posiciones en Venezuela) en donde defienden a capa y espada el 'honor' de la casa de estudio, pero luego de egresados es poco lo que aportan a su casa de estudio (quizás porque, y de manera intuitiva, entienden que ya fueron expoliados de manera coactiva para el financiamiento de la misma).  No sucede como en otros países en donde los egresados, ya sea de manera individual o colectiva, hacen aportes económicos para que sus alma mater mejoren y abran nuevos programas docentes o de investigación.

Por ser docente universitario me he involucrado con la academia en su conjunto, intentando impulsar otras prácticas (uso de nuevas tecnologías, métodos de enseñanza o desarrollo de líneas de investigación) y entiendo muy bien que la investigación académica es necesaria para el avance del conocimiento.  Pero la pregunta siempre incómoda es (y reflejada en los bajos resultados que obtienen nuestras universidades en los rankings mundiales) ¿cuál ha sido el aporte académico de las universidades autónomas? A excepción de pocos casos (como el de Humberto Fernandez Morán, que paradójicamente no estudió en Venezuela, o más recientemente Jacinto Convit), cuáles han sido los investigadores que han aportado avance a la ciencia?  ¿Cómo se explica que universidades más jóvenes que nuestras centenarias universidades autónomas figuren hoy en los primeros lugares de los rankings universitarios? Son preguntas siempre incómodas, y la respuesta recurrente que oigo es "acaso son los premios o los rankings la única forma de demostrar el buen desempeño de una institución educativa?"

Y no es tan sólo en el ámbito del desempeño académico.  A finales de los 70 es imposible no mencionar el bochornoso trato que se le dio a Carlos Rangel (quien había sido profesor de la UCV) y Sofía Imber, cuando luego de presentar el opus magnus de Rangel, Del buen salvaje al buen revolucionario, fueron sacados a escupitajos de estudiantes de izquierdas quienes no toleraban que alguien se atreviera a presentar un libro "reaccionario de derechas" (como lo llamaría Manuel Caballero), vaya muestra de tolerancia a "todas las corrientes del pensamiento".  Misma muestra de tolerancia la han padecido conocidos míos, antiguos profesores de esas casas de estudio, que han sido sacados por negarse a enseñar (o mas bien a adoctrinar) bajo principios del socialismo (o del marxismo cultural). 

A finales de los 80, 911 intelectuales firmaron un comunicado en donde le daban la bienvenida a Fidel Castro.  En su mayoría eran profesores o egresados de la UCV.  Casa que "vence las sombras" pero no ha dejado de contaminar de marxismo las mentes de sus estudiantes y egresados.  En otro post que publiqué hace algún tiempo mostraba el programa de estudio de una materia de economía política, en donde lo que se enseña es marxismo puro, como si fuera ciencia económica.  Y en las otras facultades claves para el marxismo cultural (letras, filosofía, antropología, educación, periodismo, sociología) es lo que mayormente se enseña (o se adoctrina).  Se dice que se formenta el pensamiento crítico, si, el pensamiento crítico del capitalismo.  Y no olvidar que en las 5 autónomas (y en algunas experimentales como la UPEL) han servido de escondite de las células comunistas de Bandera Roja, Liga Socialista, PRV-Ruptura, y cuanto movimiento de captación de jóvenes.

El segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez fue criticado (especialmente, pero no exclusivamente, por su propio partido) por haber nombrado ministros a varios profesores del IESA, y utilizaban el mote despectivo de 'IESA-boy' (de hecho los egresados del IESA constantemente nos señalan de IESA-boys neoliberales).  Hoy, la mayoría de quienes dirigen el país a la destrucción son profesores o egresados de esas casas de sombra que son las universidades autónomas, pero nadie los señala de 'UCV boys' ni de socialistas salvajes.

Y es que no sólo la UCV ha sido la única, las 5 autónomas han sido responsables de la crisis económica y moral que hoy vive Venezuela.  Un buen amigo siempre me refiere una frase "el fracaso de Venezuela es el fracaso de la UCV". Pero lo peor es que dentro de esas instituciones se atreve a cambiar, enquistados en sus paradigmas, cada vez mas nuestra academia se hace más insignificante en el mundo.  Y quien se atreve a señalar que el rey está desnudo, a ese hay que callarlo.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Gustavo Aguado: el Howard Roark de la música en Venezuela

Quien me conoce sabe que tengo dos pasiones: 1) mi amor por la libertad y las ideas liberales; y 2) mi gusto por la música de Guaco.  Y este era un tema que faltaba en mi blog.

Mi primer contacto con la música de Guaco fue tradicionalmente en diciembre, época de gaitas, ese pegajoso ritmo zuliano que invade a todos los rincones de Venezuela.  Creo que el primer éxito que prendó en mi cabeza fue Un Cigarrito y un Café, interpretada por Amilcar Boscán (para 1984 tenía yo 10 años y vivía en mi natal Maracay).  

Al cumplir 18 años, lo primero que quería era manejar.  La primera vez que mi papá me presta su carro fue para ir a un "Amanecer Gaitero" en donde tocaban Guaco y Un sólo pueblo entre otros. Recuerdo bien que era en el Hotel Maracay, y fui acompañado de mi hermana y su novio de la época.

Cuando apareció Guaco en escena, abriendo el show con su famoso "A comer!", cantada por Gustavo Aguado, y acompañado por Nelson Arrieta y Sundín Galué padre (prematuramente ya fallecido), puedo decir que me enamoré de esa orquesta.  El sonido era impecable, la presentación en escena irradiaba una energía única, siempre encabezado por "el gordo" Aguado.  A partir de ahí iba a cuanto concierto podía pagar mi bolsillo de estudiante, compraba todos los discos: en 1993 Triceratops, en 1995 Archipiélago, en 1997 Amazonas (el que considero el mejor disco de toda su discografía).

En 1998, y por causalidades (mas que casualidades) de la vida, me presentan al director de Guaco, Juan Carlos Salas (quien es hoy mi amigo y una de las personas que mas admiro). Recuerdo que me acerqué con la idea de colaborar en hacer la página web de la orquesta,  y a partir de ahí empezó mi relación directa con Guaco y mi amistad con algunos de sus integrantes.  Iba a toques, tomaba fotos y videos para la página, estaba en las grabaciones de los discos (escuché los previos de Como Era y Como Es, Equilibrio y Galopando), pasaba tiempo en el bunker de los Guaco, escuchando sus anécdotas, aprendiendo de música y, en casa de zulianos no podía faltar, beberse unos buenos whiskys.

Leomar Córdoba, quien trabajaba para Guaco en el área técnica, hizo un excelente documental para lo que fue su tesis de grado como periodista en la Universidad Central de Venezuela.  Este documental único (contiene entrevistas con Doña Aura Luisa León y con Sundín Galué, ambos fallecidos) lo tituló "Guaco: de gaita zuliana a género propio". La línea argumental muestra cómo, y por el ingenio de muchos de sus integrantes, pasados y presentes, ese grupo de gaitas fue remozando el género, ganándose la enemistad de los compositores más puristas del género pero,a su vez influenciándolo de tal manera que muchas de sus innovaciones (incorporación de instrumentos, uso de arreglos de otros géneros) fueron acogidad por otros conjuntos gaiteros.  No pasó como decían los puristas, que iban a destruir la gaita, sino que la remozaron.

Y es que ese es el reto de los innovadores, ser unos disruptores en lo tradicional, descubrir caminos que nadie ha visto, y en muchos casos estar solos en ese camino por mucho tiempo.  Tal como escribiría Ayn Rand en la boca de Howard Roark "A través de los siglos hubo hombres que dieron pasos por nuevos caminos armados tan solo con su propia visión.  Sus objetivos eran diferentes, pero todos tenían esto en común: El paso era el primero, el camino nuevo, la visión original, y la respuesta que recibieron: Odio... Pero estos hombres de visión original siguieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron su precio. Pero ganaron."

Y es por eso que yo llamo a Gustavo, el Howard Roark de la música en Venezuela (hace años le regalé El Manantial de Ayn Rand). Porque Gustavo es ese hombre innovador, irreverente, que con su visión siguió adelante, se hizo acompañar de hombres geniales, y triunfó.  Gracias a esa insistencia hoy Guaco se erige como una orquesta con ritmo propio, reconocido por muchos dentro y fuera de Venezuela.

Como cualquier ser humano, Gustavo no es perfecto.  Todos distamos de serlo. Pero es esa constancia la que admiro, y me enorgullece de llamarlo amigo.  A él, a su esposa Yaremi, a Juan Carlos Salas, a Alexis Moreno, a Norman Cepeda, a Humberto Casanova, Julito Rivera, Vladimir Quintero, y otros tantos que están o se han ido de Guaco, todos amigos. 

Coincidencialmente hoy, que escribo este artículo para mi blog, es el cumpleaños de este innovador, de este ser único del cual me precio ser su amigo y a quien admiro.  Feliz cumpleaños Gustavo, quedan muchos años de Guaco todavía.  Y como decía Howard Roark "la pregunta no es quién va a dejarme, la pregunta es quien va a pararme", y a tí no te para nadie.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Los culpables

Dicen que en tiempos de crisis (o caos) como el que está viviendo Venezuela no es bueno buscar culpables en el pasado, sino mirar hacia adelante y buscar soluciones.  En el caso de Venezuela eso sería posible si, y como escribiera Ayn Rand, la sociedad buscara en sus reservas morales lo necesario para salir de la crisis y a partir de ahí reconstruir.  El problema radica en que estas reservas morales en Venezuela están desechas, casi inexistentes.

Lo común es mirar a los dos grandes partidos políticos del siglo XX, AD y Copei, como los culpables de esta crisis.  Señalar las culpas de estos partidos, quienes detentaron el poder por 40 años, fue lo que le permitió a Hugo Chávez llegar al poder, montado sobre una hola de decepción de ese consenso socialdemócrata (el pacto de Punto Fijo) y la extendida anti-política, sobre todo en la clase media (recordemos que una buena parte de la clase media, hoy opositora, votó por Chávez en 1998).

Y si, esos partidos tienen buena parte de culpa.  Muy a pesar que acertadamente llevaron a Venezuela por la senda de la democracia, en una época en donde lo que abundaba en Latinoamérica eran dictaduras de distintos signos.  Esos líderes y gobernantes, acertados en lo político, pero equivocados en lo económico, fueron destruyendo poco a poco el capital acumulado en décadas anteriores y erosionaron poco a poco las libertades económicas (las garantías económicas constitucionales estuvieron suspendidas por 30 años) y fueron introduciendo medidas cada vez más socialistas, consistentes con su idea de llegar al socialismo de forma evolutiva.  Cada gobierno que pasaba aplicaban medidas más socialistas, hasta llegar a lo que en 1983 llamó Carlos Rangel, a un momento de humillación nacional.

Pero además de los partidos políticos que gobernaron entre 1958 y 1998 tenemos que ver el papel que a la sombra hicieron otros movimientos políticos. En Venezuela, el Partido Comunista es el decano de los partidos políticos contemporáneos, y la mayoría de los partidos políticos descienden genealógica e ideológicamente del Partido Comunista, y aquellos que no, como Copei, se acercaron ideológicamente, tanto que en los gobiernos de ese partido se aplicaron medidas económicas para enfrentar la "nefasta influencia del capitalismo".  AD sufrió divisiones importantes, precisamente de los sectores que ideológicamente eran más cercanos al marxismo-leninismo, primero el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), movimiento que se sumó a las guerrillas terroristas de los años 60, y luego lo que en 1968 se conoció como AD-Oposición y que posteriormente se llamaría Movimiento Electoral del Pueblo (división que se dio producto que Betancourt impidió, de manera afortunada, que Luis Beltrán Prieto Figueroa fuera el candidato de AD ese año.  Si eso no hubiera ocurrido, muy probablemente Prieto hubiese ganado la presidencia, y la penetración socialista cubana hubiese sido mucho antes).

De los movimientos más importantes que descienden del PCV y de AD está Bandera Roja.  Y Bandera Roja es uno de esos culpables que a la sombra han destruido esas reservas morales sobre las que se podría reconstruir Venezuela. Bandera Roja comenzó como una escisión de los sectores anti-revisionistas del MIR y se plantó como frente guerrillero terrorista.  De hecho fue el último grupo terrorista comunista que dejó la lucha armada en Venezuela.  Pero además de las actividades terroristas, este grupo se enfocó en universidades y liceos, para captar jóvenes y adoctrinarlos en el socialismo marxista.  Es bien sabido que Bandera Roja tiene importantes núcleos en las universidades públicas venezolanas (la UCV y la UDO, las mas emblemáticas) y en liceos públicos y privados.  Profesores enquistados en esas instituciones, amparados bajo la mal entendida libertad de cátedra, han captado miles de personas para esa organización y peor aún para la ideología socialista.  

Muchos dirigentes políticos de hoy, en el gobierno y la oposición, dieron sus primeros pasos en Bandera Roja.  Y aunque sería de extrañarse que siendo Bandera Roja un movimiento (o partido) socialista de tipo marxista, esté en la oposición al gobierno de Chávez-Maduro, este movimiento es miembro de la Mesa de la Unidad, y acusan al gobierno de no ser lo suficientemente socialista (es decir, no les basta con lo que está pasando, ellos quieren más).  Me parece terrible que mucha gente que se dice opositora, vea con buenos ojos a dirigentes de este movimiento como Julio "Coco" Jimenez, o peor aún, como me discutió una compañera de clases en el IESA, defendiendo que Bandera Roja no era un partido de extrema izquierda.

Y es que esos movimientos que, aunque no hayan gobernado, a la sombra se han dedicado a esparcir y adoctrinar por décadas a centenares de venezolanos son mucho más culpables de la actual crisis que padecemos y del "actual momento de humillación nacional".  Y no es que quiera emprender una cruzada inquisitorial contra estos movimientos, pero creo que deben expiar sus culpas, y por sobre todo, los ciudadanos deben dejar de apoyarlos, pero esto es difícil dado que la mayoría de los venezolanos han sido adoctrinados por ellos.

Un movimiento opositor en Venezuela no puede permitir que movimientos como Bandera Roja estén en sus filas.  Hay que recordar siempre que los socialistas-marxistas (comunistas) harán alianzas y concesiones sólo por razones tácticas, pero una vez en el poder, sacarán sus ideas y las ejecutarán al máximo (aunque después hayan otros grupos que digan que no fueron lo suficientemente socialistas). Y Bandera Roja lo que quiere es más socialismo para Venezuela.  Y de eso ya tenemos suficiente.

¡Basta de socialismo!

Amanecerá y veremos

miércoles, 11 de junio de 2014

Chataing, Televen y el Lusinchismo

Me entero por las noticias que vuelan, literalmente, por el internet, que de manera abrupta fue sacado del aire el programa de Luis Chataing por, entre otras cosas, haberse burlado de la presentación de pruebas de magnicidio que hizo el desquiciado Jorge Rodríguez y el alto mando político (algo así como el Politburó) de la Revolución.

Cuenta la historia contemporánea venezolana que Carlos Soublette, siendo presidente de Venezuela, lo llevaron a ver una obra de teatro en donde se burlaban del presidente.  Imagino yo, que los aduladores de la época deben haberle "metido casquillo" al general Soublette para que no admitiera la burla de la cual era objeto.  Pero Soublette, de nuestros generales fundadores, era el menos militar.  Cuando llamó al director de la obra para conversar con él, dicen que dijo la siguiente frase: "...  la patria no se perderá porque el  pueblo se ría de sus  gobernantes, la patria podrá perderse cuando los gobernantes se rían de su pueblo..."

Y es que el país tiene muchos años perdiéndose.  No sólo estos últimos 15 años de chavismo.  Ya desde bien entrado en madurez el sistema democrático, los presidentes y gobernantes se acostumbraron a burlarse de los venezolanos.  Gobernantes como Luis Herrera Cámpins (y como reseña Carlos Rangel en un artículo de la época) "en varias oportunidades declaró, como si fuera una gracia, ser un mandatario respetuoso de las leyes, de la libertad de expresión y de la actividad opositora".  O políticos como el recién fallecido Jaime Lusinchi, quién, después de dejar al país sin reservas internacionales y con altos niveles de endeudamiento salió diciendo por televisión (burlándose nuevamente de nostros): es que la banca nos engañó, y para más colmo le espetó en la cara a un periodista (aunque dicen que iba dirigido a Marcel Granier) aquel famoso "tu a mi no me jodes".

Pero con todo y eso, y a pesar de que hasta esa época el gobierno de Jaime Lusinchi había sido el más corrupto que había conocido Venezuela, este salió del poder con altos niveles de aceptación popular (algo asi como Michelle Bachelet en Chile).  Todo gracias a un eficiente equipo de comunicación (y propaganda) entre los que se encontraban Carlos Croes y Martha Colomina.

Una de las pocas cosas buenas que pudo haber hecho Lusinchi fue la apertura del espectro radial (en esa época iniciaron las transmisiones de las radios FM) y el otorgamiento de una tercera concesión de señal de televisión a nivel nacional al canal que hoy conocemos como Televen,  después de 30 años, y teniendo en contra a los dos grandes canales de televisión de la época (RCTV y Venevisión, quienes se cartelizaron en contra de Televen en años posteriores).  Inicialmente se decía que era un canal donde algunos artistas de televisión (como Guillermo González u Orlando Urdaneta) quienes descontentos con sus antiguas casas televisivas habían invertido dinero para formar un canal dirigido por artistas (algo así como una empresa dirigida por sus trabajadores), pero la realidad no era así.  El mayor capital accionario de la empresa lo había puesto un empresaurio (me niego a llamarlo empresario) llamado Omar Camero.  Y, ¿quién era Omar Camero? el empersaurio que había facilitado la venta de los Jeeps que compró el gobierno de Lusinchi para apoyar la campaña de Carlos Andrés Pérez en el año 1988.  La concesión de señal abierta nacional era el pago por ese favorcito.

Por supuesto, en Televen se anidaron los periodistas del lusinchismo y sus aliados de izquierda: Carlos Croes, Martha Colomina y José Vicente Rangel.  Y cuando el lusinchismo se enfrentó como oposición al gobierno de Carlos Andrés Pérez, principalmente por haberlos dejado fuera del gobierno y haberlos puesto a competir en elecciones regionales (recuérdese que los primeros que rechazaron la descentralización fueron los adecos), estos conspiraron con la izquierda para hacer propaganda en contra de la tímida apertura iniciada por CAP en su segundo gobierno y destapar el caso de los 250 mil dólares que este le envió a Violeta Chamorro (que palidecen al lado de los miles de millones de dólares que los gobiernos de Chávez-Maduro han repartido por toda Latinoamérica para impulsar el proyecto continental del Foro de Sao Paulo).

La salida de Chataing no es de extrañarse.  Sacaron a Martha Colomina cuando se empezó a poner incómoda para el gobierno.  Lo mismo hicieron con César Miguel Rondón.  Y eso fue en momentos en donde el gobierno de Chávez aún no había logrado tener su "hegemonía comunicacional".  Ahora muchos se sorprenden de la salida de Chataing, y por supuesto se indignan, con toda razón.  Pero esto es el pago (el peaje) que deben pagar los lusinchistas Camero ante sus aliados de la izquierda que gobierna.

Hay que recordar que no hay ninguna libertad posible sin el derecho a la propiedad.  Y cada vez más este derecho (auténtico e inalienable del individuo) viene siendo destruido en Venezuela.  Ojalá empecemos a entender eso y que el único objetivo del socialismo (de todos los partidos) es la destrucción de la propiedad privada.  Y ojalá Luis se vuelva en un defensor de los tres derechos fundamentales del individuo: la vida, la propiedad privada y la libertad; y del sistema que los hace posible, el capitalismo de laissez faire.

Amanecerá y veremos...

martes, 9 de octubre de 2012

Elecciones Venezuela 2012: El triunfo de la sociedad parásita


‎"Sabemos que las cosas no están bien, que hay mucha corrupción en el gobierno;
pero no queremos que venga otro y nos quite lo que Chávez nos ha dado".
Vendedor informal, venezolano pobre

El estado es la gran ficción a través de la cual
todo el mundo trata de vivir
a costa de los demás
Frederic Bastiat 

Todo lo que una persona recibe sin haber trabajado,
otra persona trabajó por ello pero sin recibirlo.
El gobierno no puede entregar nada a nadie,
si antes no se lo ha quitado a otra persona.
Cuando el 50% de las personas llega a la conclusión
de que no tienen que trabajar porque la otra mitad
está obligada a hacerse cargo de ellas,
y , cuando la otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar
porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo
ese, es el fin de cualquier nación.
Ayn Rand

Tres meses en campaña, dos candidatos, dos ofertas similares aunque con matices, una fecha, 7 de octubre, los resultados: vuelve a ganar mayoritariamente Hugo Chávez y su oferta socialista revolucionaria.

Muchos sesudos analistas (algo que yo no soy) han dado sus opiniones respecto del tema, todas muy variadas, unas hablando de posibles irregularidades en el proceso que pudieran pensar en un fraude hasta otros que alaban al candidato opositor ya que, aunque no ganó, logró consolidad más a la oposición y que Henrique Capriles se vuelve en un líder que en un futuro (diría yo lejano) pueda ser presidente de Venezuela.

Y es que el problema central de Venezuela no es el cambio del presidente, es el cambio del modelo.  Entre 1958 y 1998 la tasa del crecimiento del PIB per cápita de Venezuela fue de -0.1%, en términos legos, en esos 40 años el país se empobreció, la población creció más que la riqueza que se producía. Y eso fue lo que generó que en 1998 más de la mitad de la población era considerada pobre.  Sumado a eso, un sistema bipartidista corrupto, otorgador de privilegios y cuya oferta electoral siempre era "hacer una mejor redistribución de la riqueza", pero que terminaba siendo reparto clientelar para lograr el voto circunstancial.

La oferta inicial de Chávez pareció distinta.  Cambiar la constitución y acabar con el anterior sistema corrupto.  Pero dentro de esa oferta engañosa se introducía un modelo, el cual una mayoría circunstancial le impuso al resto del país, en donde no había balance de poderes y mucho menos división.  Planteaba la figura del referendo para muchas cosas, entre ellas revocar a funcionarios electos, incluido el presidente.  Ya no hay mucho que decir al respecto, esta figura terminó siendo usada para el apartheid político mas grande ocurrido en Venezuela.

Luego de aprobada la constitución, Chavez ha sido electo en el 2000, en el 2006 y ahora en el 2012.  Es su cuarta elección (incluida la del 98) ganada. 14 años, y para 2019 ya serán 20 años en el poder.  A esta elección del 2012 llegó enfermo (recién salido de un supuesto cáncer), con una economía en dificultades (alta inflación, devaluación contínua de la moneda), altas tasas de inseguridad (Venezuela es el país con más muertos semanales sin que haya una guerra en su territorio), denuncias de corrupción a todos los niveles y en todos los poderes (el caso más emblemático del juez Aponte Aponte, acusado por el gobierno de vínculos con el narcotráfico quien a su vez relató el uso que hace Chávez del poder judicial para amedrentar políticamente a sus adversarios), cierre de medios, fallas constantes y racionamiento en el servicio eléctrico, escasez de alimentos, etc.  En cualquier país normal, a un gobierno así no se le hubiese reelecto ni una sola vez. Pero, y entonces, por qué vuelve a salir electo Hugo Chávez?  ¿Cómo es posible que Henrique Capriles no haya logrado ganar si parecía haber unificado a la oposición y acercado a sectores anteriormente pro Chávez?

Para muchos la respuesta más fácil es que ha venido haciendo fraude en las elecciones.  Decía Stalin, con su estilo cínico (aunque menos que Lenin) que en unas elecciones no importa quienes votan, sino quienes cuentan los votos. Y es que desde 2004 sobre el sistema electoral venezolano, totalmente automatizado, ha habido una sombra de duda sobre su fiabilidad.  Sumado a eso, el padrón electoral de cedulados tiene muchísimas fallas y desde hace algunos años viene siendo administrado por el gobierno de Cuba (a través de la trasnacional cubana AlBet Ingeniería y Sistemas).  Aunque yo comparta muchas de esas dudas, mi respuesta no es esa.

En Venezuela, desde 1958, y aún más desde 1975 (año de estatización de la industria petrolera), nos fuimos acostumbrando a que el estado nos daba todo.  Educación, salud, vivienda, seguridad social, y cuanta cosa usted puede imaginarse.  Al principio, entre 1958 y hasta mas o menos 1980 todo iba muy bien.  Parecía que ese "estado de bienestar", el socialismo "bueno", si funcionaba.  Pero es que al principio en Venezuela había un stock de capital acumulado que permitió el arranque de ese sistema de redistribuición de la riqueza.  Pero desde 1958, el stock de capital privado (es decir, quienes generan la riqueza) fue decreciendo, es decir la sociedad fue produciendo y ahorrando cada vez menos.  Y la estocada final fue la estatización de la industria petrolera.  El estado se hizo enormemente rico, mientras que la sociedad se empobrecía.  Fue la época de la "Venezuela saudita", en donde el estado, con todo ese dinero que percibía de manera repentina, se embarcó en proyectos faraónicos y se endeudó, tal como un jovencito a quien le dan su primera tarjeta de crédito.  Además, esa riqueza en manos del estado estimuló a los venezolanos, de todas las clases sociales, a entender que debía percibir un poco de esa riqueza y que era el estado quien debía distribuirla.

Cuando estalla la crisis de la deuda en Venezuela, en 1983, cuando por primera vez en más de 30 años se devaluaba la moneda, se acentuó el empobrecimiento de la mayoría de los venezolanos.  Y al empezar a salir a la opinión pública diversos actos de corrupción (producto de la inmensa discrecionalidad de los organismos del estado), la gente empezó a pensar que el problema de la pobreza en Venezuela, es que alguien no estaba distribuyendo bien la riqueza del país.  Cuando Carlos Andrés Pérez se presenta en las elecciones de 1988, quienes lo votaron lo hicieron no para avanzar como país, sino para que Pérez nos llevara a la época de la "Venezuela saudita".  Pero Pérez venía con otra visión, el neoliberalismo, estatismo con pequeñas dosis de liberalismo.  Eso implicaba abrir los mercados, competencia, mayores impuestos.  Cosas que no le gustaban a los venezolanos.  Los venezolanos querían otra vez el festín de dólares.

Y desde esa época hasta la actual elección esa ha sido la constante, buscar a aquel político que reparta mejor la riqueza.  Chavez ha logrado que la gente crea (dentro y fuera de Venezuela) que ahora si se está repartiendo bien la riqueza y no se la roban "los oligarcas".  Con un vasto programa social de dádivas clientelares, la mayoría de los pobres reciben ayudas monetarias del gobierno, pero que son identificadas a que quien las da es el presidente Chavez (para lograr la personalización del asunto).  Y, aunque haya corrupción, la gente considera como "derechos adquiridos" esas dádivas.  Y como cito al comerciante informal "no vamos a permitir que venga otro y nos quite lo que Chavez nos ha dado".  

Conscientes de eso, la oposición siempre ha intentado pintarse como un Chávez más light.  El propio Henrique Capriles se autocalificaba como de centro izquierda, admirador del modelo socialista de Lula da Silva.  Su promesa principal era extender el gasto social para todos (las misiones).  Y a pesar de que el PSUV calificaba a Capriles como "el candidato de la derecha", hay que aclarar que no era así. Capriles representaba una versión moderada del socialismo.  El tema central de la elección giraba en torno a quien era más socialista "bueno".  Incluso en un momento salieron personas que apoyaban a Capriles a rechazar un supuesto "paquete neoliberal" que progresivamente desmontaría los programas sociales.  Lo primero que hizo Capriles fue rechazar dicho "paquete".  ¿Ser neoliberal?, nunca.

Y es que finalmente la frase del comerciante informal resume el pensamiento de mendigo y de parásito de la sociedad venezolana.  Dicho comerciante es un pobre, pero el de clase media pensará "no quiero que me quiten el subsidio de la vivienda o los dólares baratos de Cadivi" y el rico también piensa "no quiero que me que me quiten el crédito barato, la protección arancelaria o la concesión que me dieron", piensa el militar "no quiero que me quiten las comisiones del rancho del cuartel", piensa el empleado público "no quiero que me quiten el bono", piensa el director de cine o de teatro "no quiero que me quiten el financiamiento de mi película/obra". En el fondo, es el mismo pensamiento, sin importar la clase social que sea. Sea chavista o sea opositor. Tenga estudios o no. 

Una vez se intentó hacer lo contrario, a medias, y el país entero conspiró para volver al reparto. TODOS quieren vivir del Estado, y mientras esa sea la idea de fondo el país no va a ir para ningún lado y Chávez seguirá ganando elecciones.  Esperemos que no lleguemos al fin, como decía Ayn Rand, a quien cito al inicio.

Amanecerá y veremos.